No sé si habrá alguien al otro lado de la pantalla o, como casi siempre, escribo para el vacío. Si alguien leyese esto, que sepa que mañana en la Biblioteca Municipal de Arroyo-la Flecha a las 19:00 habrá una lectura de poemas de integrantes del Colmo Colectivo y otras dos poetisas. Si a alguien le interesa, allí estaremos.
También el martes estaremos leyendo, pero poemas de poetas del siglo XX sobre la poesía y la literatura y el miércoles estaremos dando un taller (o algo así) de cuentos para niños. Todo a la misma hora y el mismo lugar.
domingo, 19 de abril de 2009
viernes, 17 de abril de 2009
[A veces un te quiero]
A veces un te quiero
no cabe en dos palabras,
pero le sobran todas.
Apenas viven un segundo
las eternidades
que encierran los parasiempres.
El dolor,
cuando de verdad duele,
rebasa sus cinco letras
igual que una herida
se rebasa en sangre.
La lluvia se vuelve
esdrújula
cuando lloras.
No soy capaz de domesticar
las mentiras
y mucho menos
de retener en mi pensamiento
la verdad.
El peligro se viste
de serpiente y melodía,
imposible es tan sólo un prefijo,
la pureza se profana de tinta
y el silencio dice todo
sin decir nada más.
no cabe en dos palabras,
pero le sobran todas.
Apenas viven un segundo
las eternidades
que encierran los parasiempres.
El dolor,
cuando de verdad duele,
rebasa sus cinco letras
igual que una herida
se rebasa en sangre.
La lluvia se vuelve
esdrújula
cuando lloras.
No soy capaz de domesticar
las mentiras
y mucho menos
de retener en mi pensamiento
la verdad.
El peligro se viste
de serpiente y melodía,
imposible es tan sólo un prefijo,
la pureza se profana de tinta
y el silencio dice todo
sin decir nada más.
jueves, 9 de abril de 2009
Me acuerdo (primera parte)

He decidido comenzar a escribir "meacuerdos" y publicar una parte de éstos cada mes. Quizá no sean más que un ejercicio de composición, pero a mí me gustan mucho, y son una buena excusa para ponerse ha escribir algo. Aquí va la primera sesión:
Me acuerdo de las manos de mi padre
cuando niño,
que ahora son las mías,
me acuerdo de las sillas verdes
y la tiza,
de cómo pesaba el aire
antes de la tormenta,
del gato que nunca tuve,
me acuerdo de David y de Alberto
y de todo el silencio que dejaron detrás.
Me acuerdo de las canciones
que hoy han olvidado todos los niños,
me acuerdo de las canicas,
de las chapas,
de las peonzas, peoncines y peonzones,
de los tirachinas,
de las calcomanías, pegatinas
y cromos repetidos
los domingos en Cantarranas.
Me acuerdo de las tardes de cartas,
mientras en la calle sólo jugaba la lluvia
fabricando charcos
para nuestras catiuscas.
Me acuerdo de los codos
y las rodillas
llenas de rosas secas
que arañadas
volvían a florecer,
me acuerdo de las ronchas,
de rascarme y rascarme
sin que mi madre me viera,
me acuerdo de como un ratón
me robaba los dientes
y de que treinta y siete grados
todavía no era fiebre.
Me acuerdo de dos canales en televisión
y de toda la vida afuera.
Continuará...
martes, 7 de abril de 2009
Noches Árticas, de Nacho Vegas.
Hoy de nuevo
cerraremos los ojos
deseando con devoción
una nueva noche ártica
y del negro más puro
-no como el de la oscuridad
sino como el del ébano-.
Así nuestros pulmones
se anegan en un sueño
que envenena y que sana.
Sueños de noches árticas
que envenenan y que sanan.
(Cierra los ojos. Escucha en la oscuridad
cómo resuenan las cajas de música.
Inténtalas parar.)
domingo, 5 de abril de 2009
ÉL
Estaría a unos quince metros de mí cuando me fijé en ella. Pese a mi timidez, no aparté la mirada, ella tampoco. Avanzaba y avanzaba, parecía que todo transcurriese mucho más lento, como si la unión de dos miradas específicas tuvieran control sobre el espacio y el tiempo.
Yo era incapaz de comprender qué sucedía, ni siquiera me fijé en lo preciosa que era. Fue un rato después cuando me di cuenta de su larga melena morena, de su esbelta figura, si delicada nariz, su jersey lleno de colores... sólo era consciente de sus ojos negros.
Cuando el impacto parecía inminente, se me cayeron los ojos al suelo. Sé que ella también apartó la mirada.
Justo en el momento en que nos cruzamos sentí que compartíamos algo que nadie más en el mundo tenía. Después, simplemente, desaparecimos.
Yo era incapaz de comprender qué sucedía, ni siquiera me fijé en lo preciosa que era. Fue un rato después cuando me di cuenta de su larga melena morena, de su esbelta figura, si delicada nariz, su jersey lleno de colores... sólo era consciente de sus ojos negros.
Cuando el impacto parecía inminente, se me cayeron los ojos al suelo. Sé que ella también apartó la mirada.
Justo en el momento en que nos cruzamos sentí que compartíamos algo que nadie más en el mundo tenía. Después, simplemente, desaparecimos.
miércoles, 1 de abril de 2009
Tengo un nombre diferente...
Tengo un nombre diferente en cada boca,
un rostro distinto en cada mirada,
tengo un pie en cada huella
y mi voz se estira
con un eco diverso
en cada recuerdo.
No son mis mismos huesos
los que me esperan en la tumba,
mi nariz no volverá a ser
la que nunca fue,
he dejado una mano
en cada caricia
y mis arañazos
jamás tuvieron las mismas uñas.
No me encontrarás
detrás del siguiente puñado de palabras,
todas mis sombras hacen cola
esperando su turno.
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