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miércoles, 27 de octubre de 2021

viernes, 1 de febrero de 2019

Palabra Voyeur: Poética

 




Hace un par de días publicaron la buena gente de Palabra Voyeur un vídeo genial con un poema mío incluído en el poemario Todo lo que no entre en la memoria (Ediciones En Huída, 2018).


Espero que os guste tanto como a mí.


Palabra voyeur: video-poema de "Poética"











viernes, 25 de enero de 2019

Descubrimiento del día: Partida de oficina, de Celeste Viedma



Partida de oficina


La foto la he sacado de aquí.

Cada lunes me rodeo de mercenarios.
Como rancios alfiles y devotos corceles
se mueven a zancadas apuradas
sobre esta gran mazmorra nauseabunda.

Vaya reguero de tinta vieja
que hunde todo barco de papel,
que disuelve amuletos y tesoros.

Un café con ella
y nadie sabe cuidar sin encerrar
nadie sabe cómo mantener con vida
sus desechos cristalinos de coraje.


Del libro Juncos de papel (Ed. Peces de ciudad, 2018)

miércoles, 18 de julio de 2018

Los quehaceres del poeta




Cincelar el grito
hasta encontrar el verso
que duerme en su seno,

destejer el bullicio
hasta dar con la melodía
        transparente de lo sublime,

escarbar las entrañas
                    del pensamiento
para atisbar la luz
y después de quemarte las retinas
explicar por qué valió la pena.







 

miércoles, 6 de junio de 2018

Los seres anteriormente conocidos como cigüeñas

Imagen sacada de aquí


Las cigüeñas ya no se van en invierno,
aguantan el frío
para alimentarse
con nuestra basura
                   en los vertederos,
rebuscan entre nuestros despojos
algo para convencerse
de que es mejor quedarse
que marchar al sur.

Ya no saben
dónde está su casa
ni el significado de la palabra regresar.

Las cigüeñas ya
no se van en invierno,
aguantan estancadas
en un cielo de fango,
con los ojos ateridos
a un paisaje infectado,
buscando su sombra
en medio de la oscuridad,
gangrenándose el pico
de tanto escarbar
en los desechos de nuestra memoria,
registrando nuestros vestigios de ayer
en busca de algo que les haga olvidar el rumbo a África,
algo que borre
el camino que tantas veces
                             trazaron
a través del aire,
algo muerto que engullir
para no pensar
que bajo el vertedero
había una charca
          donde guarecerse del hambre,
que ahora yace bajo toneladas
       de arrogancia humana.

Las cigüeñas ya no
       se van en invierno,
ya ni siquiera merecen
ser llamadas cigüeñas.
Son visiones destrozadas,
carroñeras de nuestros errores
que se mezclan con los efluvios de la ciudad,
son apenas una mancha de lo que fueron,
espectros sobre el campanario
que crotoran crujidos
frente a las cruces afiladas
por el rayo y el viento,
son siluetas agrietadas
como la piel de la sequía,
que ya no patrullan el cielo,
           sino que vagan
como globos de helio perdidos
en la boina de contaminación,
bebiendo el humo de los tubos de escape,
que siembran sus zancos como antenas,
que asumen el gris del hollín
                    como propio
y se sumergen
en las entrañas de nuestra inhumanidad
hasta ahogarse.

Pobres cigüeñas,
que por culpa de nuestra basura
han conocido el frío,
pobres cigüeñas
que por nuestra culpa
han olvidado el camino al sur.

domingo, 18 de marzo de 2018

Plan B para salvar el mundo, de Jesús Fernández

Imagen sacada de https://www.freepik.es/foto-gratis/primer-plano-de-vaso-de-whisky-con-hielo_951712.htm
 
 
                                        
Beber,

beber hasta olvidar que el mundo es insalvable

Beber hasta que un coágulo piadoso

Reviente una vena en tu cerebro

Beber como quien toma aliento

Para el mayor grito de todos los tiempos

Beber para tomar fuerzas para coger el piolet

Beber sin mesura ni método

Con el ansia que debería emplearse en vivir

Beber como la bestia babilónica

Beber como quien corre hacia el abismo

Beber hasta la nada

Hasta la sabiduría total hasta el olvido

Beber hasta la indigencia

Hasta la violación moral hasta el asesinato

Beber hasta la herejía

Beber hasta la muerte del amor

Beber hasta el genocidio

Beber hasta que deje de doler

Beber contra la gangrena

Contra la sífilis del alma contra el aburrimiento

Beber hasta la elocuencia

Hasta el Don de la Palabra

Beber hasta la clarividencia

Hasta la clara percepción de todas las cosas

Beber para salvar el mundo

O aniquilarlo.


Jesús Fernández, de Qué nos han hecho: Poetas y poemas. Selección y prólogo de Lluis Pons Mora ( Isla Varia ediciones, 2008 ).

lunes, 25 de septiembre de 2017

El poeta y la luna


El poeta mira por la ventana 
esperando que la luna explote
                                       y nada,
así que
           viste su piel menos ajada,

       endosa su abrigo de sombra,
y se deja arrastrar por la noche
en busca de un diamante
en el que crezcan flores,
en busca de la melodía secreta del frío, 

de una piedra perfecta
para romper el cristal de la conciencia 

o de una metáfora bien afilada
           para cortar el aburrimiento de los días. 
Va siguiendo esta cuerda de versos
sin temor a llegar
                al fin y al cabo

y se enmaraña en las ganas 
                       no sé de qué,
                      sí sé de quién,
mientras deja su vacío en los vasos de cerveza

y su mirada flota
en el aire sucio de un bar. 


El poeta vuelve a la calle 
y la luna sigue allí,
               desparramándose en luz 
                               y nada.
 
A partir de ahí se multiplica la sed
              con el ansia tirando de la cuerda,

                    que ahora se estremece 
                          en la garganta,
pero él sólo quiere
amor sintetizado

         en metilendioximetanfetamina 
         con una copa de vino tinto
        y conquistar un paraíso cualquiera

        en un colchón vedado.
Sin embargo, una y otra vez tropieza al pie de la letra

        y cae a quemarropa
        sobre las ausencias que le pesan 

        en sus entresijos.
Si bien, el poeta sabe todo y más
       de levantarse y volver a caer,

       de hacer del fracaso un éxito,
       algo casi divino. 

Y es que
quién quiere reconocimiento, 
      pudiendo tener resaca;
quién quiere vender libros, 
     pudiendo mendigar copas;
quién, en su sano juicio,
     prefiere una biblioteca a un prostíbulo;

quién desea más un Premio Nobel de la literatura 
     que una ebriedad sempiterna;
quién quiere ser Campoamor,
     pudiendo ser Leopoldo María Panero.

 
Y la luna no se rompe
ni hoy, ni mañana, ni nunca.
Observa desde lo alto
al poeta amordazado con sus propias palabras, 

mordiendo el polvo
que ahora mismo le traga,
el mismo polvo

            en que se ha de transformar 
junto con sus heridas
a las que llama poemas, 
mientras que esa estúpida
roca gris
seguirá brillando
para poetas que intentan destruirla

                                        y nada.


De Todo lo que no entre en la memoria

martes, 4 de julio de 2017

Ítaca ya no es lo que era
 (u Odiseo vuelve de erasmus)




Mañana por fin regresaré a Ítaca,
me vestiré como un mendigo
y veré morir a mi perro,
tensaré mi arco
para ensartar con celos y flechas
a mis enemigos,
y tras veinte años
redescubriré el rostro
                         de Penélope
sembrado de arrugas y paciencia.

Mañana regresaré a Ítaca,
sin miedo a Poseidón,
para dormir otra vez
                    en mi lecho
y refugiarme en el amor,
que más que amor
                     es un recuerdo
de un fuego que ya no quema;
volveré al ágora
sin compañeros con los que
                    recordar la guerra:
nadie me creerá
cuando cuente los hombres
           que murieron por la más bella,
nadie comprenderá
que me quiera morir
cuando suenan en mi cabeza
los ecos del cantar
               de las sirenas,
nadie sabrá
el tamaño de la tristeza
de Aquiles lamentándose en el inframundo
por no haber vivido un segundo más
y me arrepentiré
una y mil veces
de no haberme guardado
     una hoja de loto
            en el bolsillo.

Mañana regresaré a Ítaca
y mi madre estará muerta,
y mi hijo seguirá siendo
   un perfecto desconocido
   que en el fondo me odia,
y Calipso
quizá se acuerde de mí
y me venga a visitar en sueños
para decirme que soy un idiota,
que no supe elegir
entre lo que tenía
        y lo que ya no era.
La vida se estancará
             en las aburridas
         tardes de verano,
los dioses se olvidarán de mí,
mi reino se irá durmiendo
en las páginas de la historia
hasta ser ruinas
por las que se pagará entrada
y con el tiempo
yo no seré más que un nombre,
                               una idea,
                               una nostalgia.

Mañana regresaré a Ítaca,
aunque ya no sea yo el que vuelva.



.

domingo, 11 de junio de 2017

El Tratado de Kioto

Voy a romper el Tratado de Kioto,
voy a hablar con dios por el gran teléfono blanco
para pasar de la potencia al acto
y hacer lo que nadie puede
                                 hacer por mí.
Voy a sacar todo el mal
que llevo dentro,
que me atraviesa todo el cuerpo
de norte a sur
para derrotar al Balrog
         con fuego negro.

Voy a pintar desde mis adentros
       abstracto en papel suave
despejando así la incógnita
que deseche las hipótesis
que ya no sirven para nada.

Voy a soltar el ancla
en este pequeño instante de eternidad
y gritar: ¡hombre al agua!
después de liberar a mis rehenes
                               como quien suelta lastre.

Y ya sabréis a estas alturas
que voy a plantar un pino,
a poner un huevo,
a sembrar un chopo,
a echar un tronco,
a lanzar un misil,
voy a hacer un cuarenta y dos en francés,
a tirarme un pedo de los que pesan.

Voy a sacar lo mejor de mí
y enviártelo por fax o por email;
voy a externar todo mi malestar
       antes de irme abajo
                 por la pata;
voy a destronar a los Borbones,
voy a exortizar todo este mal
y hacer de tripas corazones excretados.

Voy a calcular mi Producto Interior Bruto,
voy a sacar un tren del túnel,
voy a pasear a los Pokemon,
voy a pintar angelitos negros,
voy a manchar la porcelana
y a soltar al Halcón Milenario.

Ahora que me ha venido la inspiración
voy a desalojar a unos okupas,
voy a mear duro,
voy a echar una boya al mar,
a sacarme este gran peso de encima.
Voy a esperar mi momento All Bran
para visitar a la familia Cosby
y darle sabor al caldo.

Voy a verter hormigón en el encofrado,
voy a limpiar las cañerías,
voy a enviarle un paquete al Papa,
voy a fabricar muñecos sin cabeza,
voy a liberar a Willy,
voy a hundir un zeppelin
y después me voy al confesionario.

Voy a llenar el cazo
                       de albóndigas,
a visitar al señor Roca,
voy a descomer
          un magnífico pastel,
voy a romper aguas mayores
y en ellas hacer una infusión de mierda,
voy a peinarme los pelos del culo hacia fuera
y soltar un ñordo como un brazo de Hulk Hogan.

Y es que a veces no sé
si hacer de viente o darle cuerda al reloj,
aunque casi mejor;
             si me disculpan
me voy a defecar,
                evacuar,
                giñar,
                segregar
                ciscar,
                deponer,
                obrar,
                excretar,
                rezumar
                emporcar,
                descargar,
                expeler,
                deyectar,
me voy a hacer mis necesidades
                y a cagar.



sábado, 10 de junio de 2017

JESÚS CARRASCO

(la imagen la he sacado de aquí)


JESÚS CARRASCO


Que me robaran el nombre

es lo mejor

que me podía haber pasado,

deshacer esa coraza

               hecha de crujidos y fragores ajenos,

rasgar esa piel extraña

que me oprimía,

desnudarme de la apariencia

y por fin ser huérfano,

fugarme desde mis adentros

               para dejar de ser otro,

romperme para ser yo.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Pájaros en la cabeza



No son sólo 
pájaros en
la cabeza,
lo que me despeina

           cuando yo te veo, 
son también las ganas
de robarte la atención

                 susurrándote un beso
en todas las esquinas que doblamos,

son el aire y la lluvia, 
que enfermos de envidia, 
me intentan agarrar
       con sus manos mi pelo, 
y por más que me empujen,
                     me insulten, 
                   me bufen,
             me bramen,
no consiguen arrancarnos

                a mí de ti.
                a ti de mí,
a nosotros mismos de nosotros.


No son sólo 
pájaros en

la cabeza,
sino también ciento volando, 

bandadas escapadas
de los sueños de Hitchcock que recorren la troposfera

     cantando tu nombre
                                    en tu busca

y surfean los vientos,
   sorben los mares,
   cosen las nubes,
   desordenan las hojas de los árboles, 

   deletrean las ciudades
                     por las que pasan 
esperando que en una de ellas
          oigas tu nombre en su canción, 
                    ices tu mirada al cielo
y te vengas 
     volando
con ellos.

No son sólo 
pájaros en
la cabeza,
no son utopías, 

no son horizontes
            que nunca llegues a tocar con tus manos,




son ideas,
               son albricias

son luz que se nos desprende de las cabelleras 
mientras nos olvidamos en algún cajón
                                       esas tristezas 
y nos ponemos guapos
para bailar la felicidad 
al borde del precipicio. 

lunes, 13 de junio de 2016

La alegría



Me rebasa la rabia,
me desbordan el hambre,
la pobreza, la injusticia,
la enfermedad,
esta indiferencia que me ahora,
los mendigos pidiendo en la acera,
a los que no me atrevo a mirar a los ojos.

Me saturan las mentiras
como piedras en una lapidación,
por prensa, televisión y radio,
pero donde más me duelen es
                                en la calle
(la calle es nuestra, joder,
que no nos quiten también eso).

Me roban la memoria,
me niegan tres veces,
me intentan asustar,
me golpean con multas,
me desahucian,
me privatizan el sol,
me crucifican
con la moral católica apostólica romana,
me exilian
y si intento entrar
me disparan en Ceuta,
viven por encima de mis posibilidades
                             sin pedir permiso
y yo sigo aquí
esperando a Godot,
                    sin hacer nada
mientras me rebasa la rabia.

Pero de esta rabia saltan chispas
que contienen toda la fuerza del sol,
que saltan
                 de cabeza
                                  a cabeza
encendiendo conciencias,
descerrajando las soledades
y vacunándonos contra la cobardía.
Esta rabia se contagia
                 de boca
                              a boca,
de idea a idea,
de sonrisa a sonrisa,
y se va transformando en alegría,
y de repente
empezamos a conjugarnos en la primera persona del plural,
poco a poco comprendemos
que somos el origen de todo
y que los fantasmas,
               si los dejas de mirar,
                           desaparecen,
nuestra voz se convierte en un cañón
            contra los muros de la apatía,
nuestros pasos hacen temblar los cimientos
                                 de la nueva esclavitud,
nuestra ilusión se transforma en realidad
                       transformando la realidad
y nuestra rabia,
                       que arde dentro de su oscuridad,
nos empuja hacia el amanecer.

Y cuando nos golpeen,
                      resistiremos,
cuando nos golpeen otra vez,
                     resistiremos,
cuando nos vuelvan a golpear,
                    resistiremos,
cuando nos amordacen,
             nos desataremos,
si nos dividen,
             nos multiplicaremos,
si nos mienten,
no les creeremos,
si nos pisan,
          todavía más altos y decididos,
          nos levantaremos,
si ladran, es que cabalgamos,
si nos atacan,
          no basta con defender,
          esta vez también atacaremos,
que si nos hieren,
       es porque no estamos muertos
y si nos vencen…
             no podrán
            porque no nos rendiremos.

lunes, 1 de febrero de 2016

Modlov ¿los poetas también cagan y vomitan en los bares? 18 puntos

"Modlov ¿los poetas también cagan y vomitan en los bares? 18 puntos"

Eso es lo único que dicen de mí en el artículo sobre la pasada Slam Poetry de Granada en eldiario.es. Soy un poeta que caga y que vomita en los bares, si es que me merezco el título de poeta. Para el resto de los poetas, con todo mi respeto a ellos, todo son elogios, pero yo sólo cago y vomito.

No sé qué conclusiones sacar de mi participación en la Slam. Os voy a contar brevemente mi participación. Era la primera vez que participaba en una competición así; ya había visto una en directo un mes antes para inspeccionar el terreno y después de comprender al 100% su mecanismo y ver su ambiente decidí prepararme para la siguiente cita. No pretendía ganar, ni llegar a la final, pero sí me creía muy capaz de llegar a la segunda ronda. Así que fui el pasado jueves al Apeadero y me apunté en la lista de poetas (deletreando varias veces mi extraño nombre). 

Comenzó el espectáculo con los poetas sentados al fondo del escenario esperando su turno, aumentando los nervios (que aunque uno ya tiene una edad, no es inmune). Iban pasando los poetas y me sentía aliviado cada vez no me tocaba recitar después de los poetas más conocidos de la Slam, los más efectistas, los más guapos -por eso de evitar el efecto halo- y cuando ya quedábamos tres o cuatro nada más sacan mi nombre del sombrero. Me levanto; decido no usar el micro porque la acústica era buena; con los papeles en la mano busco el poema que iba a recitar Los poetas también; digo el título; dejo cinco segundos de silencio y comienzo mi actuación. No era la primera vez que recitaba este poema en público. Estaba seguro de mí. No me trabé en ningún momento. Hice las pausas que había decidido hacer, improvisé la mitad de los gestos y la otra mitad los hice como pretendía hacerlos. Apenas miré al papel. Terminé el poema y la gente aplaudió (los aplausos no son un mérito, son mera educación).

Entoncés sucedió lo que no sé cómo interpertar. Empezó la votación y alguien sacó un seis (la nota más baja que se suele poner); la siguiente fue un cuatro, lo que provocó polémica, hubo gente que abucheó, pero el presentador supo hacerlos callar; las siguientes notas no mejoraron la media: seis, seis y siete. Durante un segundo la gente no reaccionó, tuve que ser tristemente yo el primero en aplaudir el resultado (el peor de la noche) para que unos cuantos más me siguieran y así se corriera un tupido velo. Tengo que destacar que un tipo desde la penúltima fila gritaba que para él yo tenía un diez. También Alberto Prieto y José Montoro, que se sentaban a mi lado, me felicitaron sínceramente (o al menos eso creo).

Terminó la primera ronda (huí de la segunda), estaba triste y confuso. Durante la pausa Alma me consoló y se me acercó Taro (uno de los que siempre pasa a la segunda ronda) a felicitarme por el poema. Otras dos personas desconocidas me dijeron que les había gustado y no sé si me lo decían por pena o por qué. Me di cuenta de que mi camiseta llamaba mucho la atención y decidí ponerme la sudadera para evitar más pésames.

¿Qué conclusión debería sacar de todo esto? ¿Doy pena? ¿Soy polémico? ¿Mi poesía da asco? ¿Sólo sé cagar y vomitar? ¿Cómo es que no hubo disidencia entre los 5 miembros del jurado? En serio, llevo una temporada muy mala en lo que se refiere a lo artístico y este ha sido un golpe muy duro.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

¿Por qué debería seguir escribiendo?





Esto no es una pregunta retórica, es una pregunta que me hago muy seriamente desde hace algunos meses. Ahora, que acabo de cumplir 30 años, que hace más de un año que no  termino ninguna canción y que hace meses que escribí mi último poema que daba fin a mí último libro, no veo motivos para seguir.

¿Esta sequía creativa a qué se debe? A esta pregunta creo que sí tengo respuesta: no tengo ganas de seguir escribiendo. Después de hacer inventario, ¿qué he conseguido a mis treinta años? No he publicado ninguno de mis libros de poemas y no porque no lo haya intentado; me cansé de enviar mis poemarios a concursos y a pequeñas editoriales. Sí he conseguido publicar en una antología de poetas y en un par de plaquettes, pero porque tengo amigos que no me merezco. Apenas he leído mis poemas en actos públicos. Considero que lo más trascendente que he hecho ha sido escribir con tiza versos de mis poemas en las paredes de la ciudad. 
Y si tenemos que hablar de mi gran carrera musical, pues después de 12 años en los escenarios, después de pasar por dos grupos y habiendo realizado alguna que otra actuación en solitario, no he conseguido nada, ni siquiera grabar algo a lo que se le pueda llamar disco. Nadie se ha aprendido ninguna de mis canciones, la mayoría ni siquiera han podido salir  de mi cuarto.

Sé que tengo que ser autocrítico: tengo una actitud muy derrotista, soy mal músico y soy demasiado vago como para ponerme a estudiar música, no he frecuentado la vidilla literaria, me fui a Italia exiliándome de la vida cultural española, nunca me he sabido vender, a veces soy demasiado tímido y muchas cosas más que ahora mismo no consigo ver, pero están ahí.

En fin, esta no es una pregunta retórica y os la hago a todos vosotros: ¿Por qué debería seguir escribiendo?

domingo, 28 de junio de 2015

martes, 28 de abril de 2015

El final del poema es sentirte, de Adriana Bañares



No soy muy bueno escribiendo reseñas, solo diré que el último poemario de Adriana, Ave que no vuela muere (Ediciones Oblícuas, 2015), es sin duda lo mejor que he leído en mucho tiempo y ha dejado el listón muy alto. Lo siento mucho por el próximo poemario que lea.

El final del poema es sentirte


un poco más cerca.
Olvidar que te extraño tantísimo
              que extraño tantísimo
              la vida que soñamos juntos
y que hoy tienes con otra.
 El fin del poema es conseguirte.
Hacer que vuelva todo aquello.
Que me digas
              lo que hubo antes y
lo que habrá después
               no es nada
comparado con lo que queda
entre nosotros. El fin del poema
es que me digas que es tan cierto
             aquello
              que te quedas conmigo
              y me salvas de esta muerte
                                   tan lenta
                                   de esta isla estéril que es mi cuerpo
                                   de esta isla tumba
                                                   círculo
                                                   perfecto.

sábado, 28 de marzo de 2015

Viento del pueblo, de Miguel Hernández

Hay voces que no pueden morir.


    VIENTOS DEL PUEBLO ME LLEVAN
    Vientos del pueblo me llevan,
    vientos del pueblo me arrastran,
    me esparcen el corazón
    y me aventan la garganta.

    Los bueyes doblan la frente,
    impotentemente mansa,
    delante de los castigos:
    los leones la levantan
    y al mismo tiempo castigan
    con su clamorosa zarpa.

    No soy de un pueblo de bueyes,
    que soy de un pueblo que embargan
    yacimientos de leones,
    desfiladeros de águilas
    y cordilleras de toros
    con el orgullo en el asta.
    Nunca medraron los bueyes
    en los páramos de España.
    ¿Quién habló de echar un yugo
    sobre el cuello de esta raza?
    ¿Quién ha puesto al huracán
    jamás ni yugos ni trabas,
    ni quién al rayo detuvo
    prisionero en una jaula?

    Asturianos de braveza,
    vascos de piedra blindada,
    valencianos de alegría
    y castellanos de alma,
    labrados como la tierra
    y airosos como las alas;
    andaluces de relámpagos,
    nacidos entre guitarras
    y forjados en los yunques
    torrenciales de las lágrimas;
    extremeños de centeno,
    gallegos de lluvia y calma,
    catalanes de firmeza,
    aragoneses de casta,
    murcianos de dinamita
    frutalmente propagada,
    leoneses, navarros, dueños
    del hambre, el sudor y el hacha,
    reyes de la minería,
    señores de la labranza,
    hombres que entre las raíces,
    como raíces gallardas,
    vais de la vida a la muerte,
    vais de la nada a la nada:
    yugos os quieren poner
    gentes de la hierba mala,
    yugos que habéis de dejar
    rotos sobre sus espaldas.
    Crepúsculo de los bueyes
    está despuntando el alba.

    Los bueyes mueren vestidos
    de humildad y olor de cuadra:
    las águilas, los leones
    y los toros de arrogancia,
    y detrás de ellos, el cielo
    ni se enturbia ni se acaba.
    La agonía de los bueyes
    tiene pequeña la cara,
    la del animal varón
    toda la creación agranda.

    Si me muero, que me muera
    con la cabeza muy alta.
    Muerto y veinte veces muerto,
    la boca contra la grama,
    tendré apretados los dientes
    y decidida la barba.

    Cantando espero a la muerte,
    que hay ruiseñores que cantan
    encima de los fusiles
    y en medio de las batallas.
Miguel Hernández