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viernes, 1 de febrero de 2019

Palabra Voyeur: Poética

 




Hace un par de días publicaron la buena gente de Palabra Voyeur un vídeo genial con un poema mío incluído en el poemario Todo lo que no entre en la memoria (Ediciones En Huída, 2018).


Espero que os guste tanto como a mí.


Palabra voyeur: video-poema de "Poética"











viernes, 23 de noviembre de 2018

El libro

Después de intentar mover la presentación de mi libro por redes sociales (con escaso éxito) y por la vida real (de momento sólo en tres ciudades) me he dado cuenta que me quedaba todavía este rincón por mancillar. No tiene perdón que este blog, que no por casualidad tiene el mismo nombre que mi poemario,  haya permanecido tanto tiempo en silencio. Pues bien, ya estoy aquí.


Lo primero que tengo que decir es que estoy muy agradecido a Ediciones En Huída ya que ha sido la primera editorial que después de muchos años de intentar publicar, ha decidido que mis poemas merecían ser puestos sobre papel y, por supuesto, doy infinitas gracias a Alma, gran responsable de que este libro exista, por su apoyo y su enorme paciencia conmigo. Hasta hace unos meses cuando la gente del mundillo poético me preguntaba si tenía algo publicado o directamente me preguntaba dónde podían conseguir mis libros yo respondía en modo ocurrente que yo era póstumo. Ahora voy a tener que cambiar de chascarrillo, -evitando el de la mesa coja-. ¿Pero qué estoy sacando de todo esto?




Por un lado, estoy aprendiendo de los típicos errores del novato: no he sido todo lo minucioso con los detalles de la edición como lo debiera haber sido; como ya he dicho antes, no he sabido difundirme por redes ni contactar con periodistas para alcanzar a más gente y además siempre me ha dado apuro venderme. Todo lo que suponga comercializarme me crea cierta repulsa.
Por otra parte, es cierto que produce cierta ilusión ver materializado en 125 copias de papel eso que has anhelado tanto tiempo, pero una vez logrado lo desmitificas, pones los pies sobre la tierra y te llegan algunas dudas como: ¿quién va a comprar el libro?, ¿seré tan papético de no conseguir vender una tirada tan pequeña?, ¿se harán más tiradas?, ¿cuánto tiempo resistirá el libro al olvido?, ¿llegaré a aborrecer sus poemas?, ¿cuánto dinero voy a perder presentádolo por ahí?, ¿cuándo decidirán publicarme un segundo libro?
Este pesimismo es intrínseco a mi ser; parece que no me gusta estar bien y siempre encuentro una excusa para no disfrutar una victoria, pero estoy intentando mejorar como persona y canalizar esta actitud autodestructiva para que sea un modo de mejorar exigiéndome más. Os lo prometo, a partir de ahora voy a lloriquear menos y a crecer con cada tropiezo.

Y para terminar esta entrada voy a dejaros un poema del libro y también voy a dejaros un enlace de la página de Ediciones En Huida donde podéis conseguir mi libro.

Muchas gracias, se os quiere.




Los gatos

Los gatos de mi ciudad
suben de noche a los tejados
-como en cualquier ciudad-
y allí estiran sus cuerpos,
y sus patas,
y sus colas
hasta casi salir de sí mismos,
estiran sus deseos
hacia arriba
para intentar acariciar
       con sus garras
el universo
y así hacer tambalearse
algún astro,
esperando que caiga
para jugar con su luz
                 en las tinieblas.


lunes, 25 de septiembre de 2017

El poeta y la luna


El poeta mira por la ventana 
esperando que la luna explote
                                       y nada,
así que
           viste su piel menos ajada,

       endosa su abrigo de sombra,
y se deja arrastrar por la noche
en busca de un diamante
en el que crezcan flores,
en busca de la melodía secreta del frío, 

de una piedra perfecta
para romper el cristal de la conciencia 

o de una metáfora bien afilada
           para cortar el aburrimiento de los días. 
Va siguiendo esta cuerda de versos
sin temor a llegar
                al fin y al cabo

y se enmaraña en las ganas 
                       no sé de qué,
                      sí sé de quién,
mientras deja su vacío en los vasos de cerveza

y su mirada flota
en el aire sucio de un bar. 


El poeta vuelve a la calle 
y la luna sigue allí,
               desparramándose en luz 
                               y nada.
 
A partir de ahí se multiplica la sed
              con el ansia tirando de la cuerda,

                    que ahora se estremece 
                          en la garganta,
pero él sólo quiere
amor sintetizado

         en metilendioximetanfetamina 
         con una copa de vino tinto
        y conquistar un paraíso cualquiera

        en un colchón vedado.
Sin embargo, una y otra vez tropieza al pie de la letra

        y cae a quemarropa
        sobre las ausencias que le pesan 

        en sus entresijos.
Si bien, el poeta sabe todo y más
       de levantarse y volver a caer,

       de hacer del fracaso un éxito,
       algo casi divino. 

Y es que
quién quiere reconocimiento, 
      pudiendo tener resaca;
quién quiere vender libros, 
     pudiendo mendigar copas;
quién, en su sano juicio,
     prefiere una biblioteca a un prostíbulo;

quién desea más un Premio Nobel de la literatura 
     que una ebriedad sempiterna;
quién quiere ser Campoamor,
     pudiendo ser Leopoldo María Panero.

 
Y la luna no se rompe
ni hoy, ni mañana, ni nunca.
Observa desde lo alto
al poeta amordazado con sus propias palabras, 

mordiendo el polvo
que ahora mismo le traga,
el mismo polvo

            en que se ha de transformar 
junto con sus heridas
a las que llama poemas, 
mientras que esa estúpida
roca gris
seguirá brillando
para poetas que intentan destruirla

                                        y nada.


De Todo lo que no entre en la memoria

jueves, 29 de diciembre de 2016

Pájaros en la cabeza



No son sólo 
pájaros en
la cabeza,
lo que me despeina

           cuando yo te veo, 
son también las ganas
de robarte la atención

                 susurrándote un beso
en todas las esquinas que doblamos,

son el aire y la lluvia, 
que enfermos de envidia, 
me intentan agarrar
       con sus manos mi pelo, 
y por más que me empujen,
                     me insulten, 
                   me bufen,
             me bramen,
no consiguen arrancarnos

                a mí de ti.
                a ti de mí,
a nosotros mismos de nosotros.


No son sólo 
pájaros en

la cabeza,
sino también ciento volando, 

bandadas escapadas
de los sueños de Hitchcock que recorren la troposfera

     cantando tu nombre
                                    en tu busca

y surfean los vientos,
   sorben los mares,
   cosen las nubes,
   desordenan las hojas de los árboles, 

   deletrean las ciudades
                     por las que pasan 
esperando que en una de ellas
          oigas tu nombre en su canción, 
                    ices tu mirada al cielo
y te vengas 
     volando
con ellos.

No son sólo 
pájaros en
la cabeza,
no son utopías, 

no son horizontes
            que nunca llegues a tocar con tus manos,




son ideas,
               son albricias

son luz que se nos desprende de las cabelleras 
mientras nos olvidamos en algún cajón
                                       esas tristezas 
y nos ponemos guapos
para bailar la felicidad 
al borde del precipicio. 

sábado, 29 de noviembre de 2014

Vivir por encima de mí





En la ciudad ha comenzado a llover
y tú no estás.

Todo está conectado
en modos infinitos
y yo elijo               la conexión
que me parece más bella,
ni la más rápida,
ni la más lógica,
                          ni fácil,
que se clave Ockham su navaja,
¡muerte a la línea recta!
quiero que mi conexión seas tú
y por eso hoy
tú no estás
y en la ciudad ha comenzado a llover.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Un año menos




Toc, toc, toc… toc, toc, toc… -Estoy durmiendo- toc, toc, toc, toc, toc, toc… El dolor de cabeza y dormir en un litera no me ayudan a llegar rápido a abrir la puerta.

-Felicidades.

No me lo esperaba: allí estaba Elena con un pastelito y una vela encendida.

-¿Qué haces aquí?

-¿No lo ves? felicitarte.

-Bueno.

-¿Vas a soplar la vela?

Entonces soplo la vela con pocas ganas.

-¿Ahora puedo ducharme?

-Se nota que anoche hubo fiestón.

-Sí, me emborraché solo en casa.

-Jajaja…

Mientras me ducho con una gran abulia pienso en qué hacer después. ¿La mando a casa? ¿le invito a un café? ¿cocino algo? No, no tengo ganas de cocinar.

-¿Nos vamos a pillar una pizza?

-Mejor vamos al griego que hay aquí al lado.

-Vale, pero no sé si está abierto. 

Cuando llegamos pide mesa para cuatro.

-También vienen Antonio y Alba.


En ese momento me creo la imagen de ella mandando mensajes a toda la gente que se había olvidado de mi cumpleaños, intentando movilizarla para evitar que pase el día encerrado en casa solo. Ya sé que todo el día va a ser una gran improvisación para intentar maquillar el olvido, para intentar no quedar mal. Me los imagino pensando “¡Mierda, hoy es el cumpleaños de Jess!”.

No intento esconder mi depresión y hoy hace un día espléndido: al buen tiempo, mala cara. Y así va pasando la tarde: vamos a tomar unas cervezas y Alba y Elena buscan una excusa para ausentarse. Antonio se queda con el papelón de quedarse con el suicida en potencia. Al cabo de unos cuarenta minutos aparece Diego. Por lo que se ve él no está en el ajo. Cuando Antonio le suelta que hoy es mi cumpleaños, no sabe cómo reaccionar, al final me felicita.

Vamos a la plaza a sentarnos en un banco con unas birras del pakistaní. Y después de un rato, ya de noche, llegan cuatro o cinco amigos como hormiguitas, algo dispersas pero en fila. Uno lleva una tarta y en cuanto arriban le colocan una vela. No les dejo que canten la horrible canción y soplo la llama lo antes posible. Que empiece el pastel quien quiera, a mí me da igual. Después de una media hora me toca empezarlo a mí. Ya tengo hambre y ese trozo y las birras van a ser mi única cena. Nadie demuestra mucha felicidad, pero tampoco tristeza, están confundidos, no saben cómo tienen que actuar conmigo. Yo solo quería estar solo en casa.

Después de un rato Elena decide que es el momento y saca el regalo: un libro. Me da pereza abrirlo. Yo no quería ningún libro más. Tengo muchísimos libros pendientes, pesan mucho en la maleta y ya me han regalado más de una vez libros que ya tenía o que me había leído. Recuérdame que te odie de Alex de la Iglesia ¿Acaso será una indirecta? ¿realmente quieren que los odie? además lo han comprado hoy, domingo, en una famosa cadena de librerías, sabiendo lo que yo pienso de comprar los festivos y de las grandes franquicias. Al menos éste no lo tengo. Estoy harto de tragar. No quiero estar allí, no quiero ese regalo, ahora tengo todavía más ganas de emborracharme solo.

La gente se va yendo poco a poco y yo también, y mientras vuelvo a casa me acuerdo de una extraña llamada que me pasó Antonio de Roberto:

-Hola.

-Hola, ¿qué tal la fiesta de ayer?

-Bien, con mucha gente del sur.

-Ah, vale.

Y después un silencio extraño de unos diez segundos. Y mi cabeza sigue dando vueltas por si sola. A nadie le importo lo suficiente como para que me organice una fiesta, a nadie le importo lo suficiente como para convencer a la gente para que me hagan un regalo de verdad, a nadie. Sólo le importo lo suficiente a Elena para recordar mi cumpleaños y yo soy tan gilipollas que ni se lo agradezco. En fin, un año menos.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Un año más





Otra vez doce de octubre, aquí en Italia no es fiesta, pero esta vez cae en domingo. Da igual, en estos últimos años me he acostumbrado a que mi cumpleaños pase como cualquier otro día. Esta noche nadie piensa en mí, como en estos últimos años. Todos han decidido ir a la fiesta de Lorena. Ella sí sabe cuándo es: ¿habrá pensado en mí? ¿se habrá dado cuenta de que su fiesta coincide con mi no-fiesta?

Fuera llueve y me he quedado solo en casa. Tengo munición alcohólica para montar mi propia fiesta. Cuando ya estoy terminando la primera birra suena el móvil: Antonio. Lo dejo sonar, me gusta la canción que tengo de tono, además, sé que él también está en la fiesta de Lorena. El teléfono suena de nuevo: Alba. No pienso ir a esa fiesta de mierda. Mi fiesta es mucho mejor, aquí no hay ex-somossoloamigos, no hay gente que se cabrea porque estoy deprimido y no me da la puta gana sonreír, no hay ladrones de abrigos, no hay capullos que me levantan a la chica, no hay felicitaciones falsas, no hay fotografías (odio las fotografías), no hay meteduras de pata, no hay nadie, no hay nada. Solo yo, botellas vacías de cerveza y todavía una botella de whisky barato.

Ya es medianoche: feliz cumpleaños, Jess. Mañana habrá resaca y la esperanza de que nadie me venga a molestar. Un año más.

martes, 25 de junio de 2013

Los poetas también






A los poetas también
                                  nos salen granos,
y eructamos
en mitad de los poemas,
y nos emborachamos, y vomitamos
en los jardines del Parnaso.

Yo también voy en autobús
              y bajo
en la parada más triste.
Hago la compra
                          con marcas blancas
y siempre me olvido
de los hipérbatos
                             y de los guisantes congelados,
también me hurgo las metáforas
mientras espero
en la cola del cajero automático,

y le miro el escote a tu hermana,
y hago chistes sobre lisiados,
y me gusta el plato que tú detestas,
y me quedé dormido durante la película
                                               que te hizo llorar,
y seguramente te caigo mal,
pero no peor que tú a mí.

Los poetas también rompemos platos,
y la vajilla entera si hace falta,
los poetas…
los poetas sobretodo engañamos,
decimos mentiras,
                              aún diciendo la verdad,
o quizás
para decir la verdad
                                decimos mentiras,
                     no lo sé,
pero no te fíes,
porque un poeta
es tan débil y cobarde como tú,
pero con un verso del calibre justo
            te  (con)vencerá.

jueves, 13 de junio de 2013

Autobiografía





¿Vosotros cuánto espacio, tiempo, palabras necesitáis para explicar vuestra vida? Yo he utilizado 26 palabras, 7 versos, 7 frases, un punto y aparte, tres tiempos vebales...







La imagen la he sacado de aquí.

        



Nací
y nunca he dejado de crecer,
me enamoré tres veces
y fracasé mil,
pasé  la vida luchando
-todavía no me han vencido-
hasta que moriré.


lunes, 3 de junio de 2013

Fulmen







Sueño que dragones de luz
atraviesan la atmósfera
hasta golpear
la tierra
con dentelladas de fuego.