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miércoles, 18 de julio de 2018
Los quehaceres del poeta
Cincelar el grito
hasta encontrar el verso
que duerme en su seno,
destejer el bullicio
hasta dar con la melodía
transparente de lo sublime,
escarbar las entrañas
del pensamiento
para atisbar la luz
y después de quemarte las retinas
explicar por qué valió la pena.
lunes, 25 de septiembre de 2017
El poeta y la luna
El poeta mira por la ventana
esperando que la luna explote
y nada,
así que
viste su piel menos ajada,
endosa su abrigo de sombra,
y se deja arrastrar por la noche
en busca de un diamante
en el que crezcan flores,
en busca de la melodía secreta del frío,
de una piedra perfecta
para romper el cristal de la conciencia
o de una metáfora bien afilada
para cortar el aburrimiento de los días.
Va siguiendo esta cuerda de versos
sin temor a llegar
al fin y al cabo
y se enmaraña en las ganas
no sé de qué,
sí sé de quién,
mientras deja su vacío en los vasos de cerveza
y su mirada flota
en el aire sucio de un bar.
esperando que la luna explote
y nada,
así que
viste su piel menos ajada,
endosa su abrigo de sombra,
y se deja arrastrar por la noche
en busca de un diamante
en el que crezcan flores,
en busca de la melodía secreta del frío,
de una piedra perfecta
para romper el cristal de la conciencia
o de una metáfora bien afilada
para cortar el aburrimiento de los días.
Va siguiendo esta cuerda de versos
sin temor a llegar
al fin y al cabo
y se enmaraña en las ganas
no sé de qué,
sí sé de quién,
mientras deja su vacío en los vasos de cerveza
y su mirada flota
en el aire sucio de un bar.
El poeta vuelve a la calle
y la luna sigue allí,
desparramándose en luz
y nada.
A partir de ahí se multiplica la sed
con el ansia tirando de la cuerda,
que ahora se estremece
en la garganta,
pero él sólo quiere
amor sintetizado
en metilendioximetanfetamina
con una copa de vino tinto
y conquistar un paraíso cualquiera
en un colchón vedado.
Sin embargo, una y otra vez tropieza al pie de la letra
y cae a quemarropa
sobre las ausencias que le pesan
en sus entresijos.
Si bien, el poeta sabe todo y más
de levantarse y volver a caer,
de hacer del fracaso un éxito,
algo casi divino.
Y es que
y la luna sigue allí,
desparramándose en luz
y nada.
A partir de ahí se multiplica la sed
con el ansia tirando de la cuerda,
que ahora se estremece
en la garganta,
pero él sólo quiere
amor sintetizado
en metilendioximetanfetamina
con una copa de vino tinto
y conquistar un paraíso cualquiera
en un colchón vedado.
Sin embargo, una y otra vez tropieza al pie de la letra
y cae a quemarropa
sobre las ausencias que le pesan
en sus entresijos.
Si bien, el poeta sabe todo y más
de levantarse y volver a caer,
de hacer del fracaso un éxito,
algo casi divino.
Y es que
quién quiere reconocimiento,
pudiendo tener resaca;
quién quiere vender libros,
pudiendo mendigar copas;
quién, en su sano juicio,
prefiere una biblioteca a un prostíbulo;
quién desea más un Premio Nobel de la literatura
que una ebriedad sempiterna;
quién quiere ser Campoamor,
pudiendo ser Leopoldo María Panero.
Y la luna no se rompe
ni hoy, ni mañana, ni nunca.
Observa desde lo alto
al poeta amordazado con sus propias palabras,
mordiendo el polvo
que ahora mismo le traga,
el mismo polvo
en que se ha de transformar
junto con sus heridas
a las que llama poemas,
mientras que esa estúpida
roca gris
seguirá brillando
para poetas que intentan destruirla
y nada.
De Todo lo que no entre en la memoria
pudiendo tener resaca;
quién quiere vender libros,
pudiendo mendigar copas;
quién, en su sano juicio,
prefiere una biblioteca a un prostíbulo;
quién desea más un Premio Nobel de la literatura
que una ebriedad sempiterna;
quién quiere ser Campoamor,
pudiendo ser Leopoldo María Panero.
Y la luna no se rompe
ni hoy, ni mañana, ni nunca.
Observa desde lo alto
al poeta amordazado con sus propias palabras,
mordiendo el polvo
que ahora mismo le traga,
el mismo polvo
en que se ha de transformar
junto con sus heridas
a las que llama poemas,
mientras que esa estúpida
roca gris
seguirá brillando
para poetas que intentan destruirla
y nada.
De Todo lo que no entre en la memoria
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Todo lo que no entre en la memoria
lunes, 1 de febrero de 2016
Modlov ¿los poetas también cagan y vomitan en los bares? 18 puntos
"Modlov ¿los poetas también cagan y vomitan en los bares? 18 puntos"
Eso es lo único que dicen de mí en el artículo sobre la pasada Slam Poetry de Granada en eldiario.es. Soy un poeta que caga y que vomita en los bares, si es que me merezco el título de poeta. Para el resto de los poetas, con todo mi respeto a ellos, todo son elogios, pero yo sólo cago y vomito.
No sé qué conclusiones sacar de mi participación en la Slam. Os voy a contar brevemente mi participación. Era la primera vez que participaba en una competición así; ya había visto una en directo un mes antes para inspeccionar el terreno y después de comprender al 100% su mecanismo y ver su ambiente decidí prepararme para la siguiente cita. No pretendía ganar, ni llegar a la final, pero sí me creía muy capaz de llegar a la segunda ronda. Así que fui el pasado jueves al Apeadero y me apunté en la lista de poetas (deletreando varias veces mi extraño nombre).
Eso es lo único que dicen de mí en el artículo sobre la pasada Slam Poetry de Granada en eldiario.es. Soy un poeta que caga y que vomita en los bares, si es que me merezco el título de poeta. Para el resto de los poetas, con todo mi respeto a ellos, todo son elogios, pero yo sólo cago y vomito.
No sé qué conclusiones sacar de mi participación en la Slam. Os voy a contar brevemente mi participación. Era la primera vez que participaba en una competición así; ya había visto una en directo un mes antes para inspeccionar el terreno y después de comprender al 100% su mecanismo y ver su ambiente decidí prepararme para la siguiente cita. No pretendía ganar, ni llegar a la final, pero sí me creía muy capaz de llegar a la segunda ronda. Así que fui el pasado jueves al Apeadero y me apunté en la lista de poetas (deletreando varias veces mi extraño nombre).
Comenzó el espectáculo con los poetas sentados al fondo del escenario esperando su turno, aumentando los nervios (que aunque uno ya tiene una edad, no es inmune). Iban pasando los poetas y me sentía aliviado cada vez no me tocaba recitar después de los poetas más conocidos de la Slam, los más efectistas, los más guapos -por eso de evitar el efecto halo- y cuando ya quedábamos tres o cuatro nada más sacan mi nombre del sombrero. Me levanto; decido no usar el micro porque la acústica era buena; con los papeles en la mano busco el poema que iba a recitar Los poetas también; digo el título; dejo cinco segundos de silencio y comienzo mi actuación. No era la primera vez que recitaba este poema en público. Estaba seguro de mí. No me trabé en ningún momento. Hice las pausas que había decidido hacer, improvisé la mitad de los gestos y la otra mitad los hice como pretendía hacerlos. Apenas miré al papel. Terminé el poema y la gente aplaudió (los aplausos no son un mérito, son mera educación).
Entoncés sucedió lo que no sé cómo interpertar. Empezó la votación y alguien sacó un seis (la nota más baja que se suele poner); la siguiente fue un cuatro, lo que provocó polémica, hubo gente que abucheó, pero el presentador supo hacerlos callar; las siguientes notas no mejoraron la media: seis, seis y siete. Durante un segundo la gente no reaccionó, tuve que ser tristemente yo el primero en aplaudir el resultado (el peor de la noche) para que unos cuantos más me siguieran y así se corriera un tupido velo. Tengo que destacar que un tipo desde la penúltima fila gritaba que para él yo tenía un diez. También Alberto Prieto y José Montoro, que se sentaban a mi lado, me felicitaron sínceramente (o al menos eso creo).
Terminó la primera ronda (huí de la segunda), estaba triste y confuso. Durante la pausa Alma me consoló y se me acercó Taro (uno de los que siempre pasa a la segunda ronda) a felicitarme por el poema. Otras dos personas desconocidas me dijeron que les había gustado y no sé si me lo decían por pena o por qué. Me di cuenta de que mi camiseta llamaba mucho la atención y decidí ponerme la sudadera para evitar más pésames.
¿Qué conclusión debería sacar de todo esto? ¿Doy pena? ¿Soy polémico? ¿Mi poesía da asco? ¿Sólo sé cagar y vomitar? ¿Cómo es que no hubo disidencia entre los 5 miembros del jurado? En serio, llevo una temporada muy mala en lo que se refiere a lo artístico y este ha sido un golpe muy duro.
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domingo, 24 de agosto de 2014
La Caracola, de Juan Bonilla
Este es un poema que se escribió para un público infantil, pero...
Dentro de esta caracola
ruge un mar contra una playa,
en la que quizás alguien haya
dejado una caracola,
en cuyo interior estalla
un mar que muere en la playa
dentro de otra caracola,
que alguien como yo se acerca,
al oído y oye terca
como rompe la mar sola
sus olas en otra playa
en la que quizás alguien haya
dejado otra caracola.
Y así dentro de cada uno,
otra playa y otro abismo,
y quizás nosotros mismos,
este mar con esta luna,
estemos dentro de alguna
caracola colosal,
que alguien se acerca al oído,
para escuchar el sonido
que hace nuestra soledad...
ruge un mar contra una playa,
en la que quizás alguien haya
dejado una caracola,
en cuyo interior estalla
un mar que muere en la playa
dentro de otra caracola,
que alguien como yo se acerca,
al oído y oye terca
como rompe la mar sola
sus olas en otra playa
en la que quizás alguien haya
dejado otra caracola.
Y así dentro de cada uno,
otra playa y otro abismo,
y quizás nosotros mismos,
este mar con esta luna,
estemos dentro de alguna
caracola colosal,
que alguien se acerca al oído,
para escuchar el sonido
que hace nuestra soledad...
miércoles, 30 de julio de 2014
O todavía, de Escandar Algeet
Escandar ha sido mi último descubrimiento poético. Ya tengo todos sus libros. ¿A qué esperáis para descubrirlo también vosotros?
Matamos a dios y estuvo bien, porque no existía.
No hubo tanto que discutir, solamente nos quedamos huérfanos
de clavos ardiendo
y sin tener a lo que aferrarnos nos dejamos caer
creyendo que nosotros mismos
sabríamos salir por nuestra propia cuenta
del precipicio.
Nos dejamos caer confiando demasiado quizá
en nuestras alas.
Y está claro que algo no salió bien.
Inventamos el mercado
la economía
la democracia
y las listas del paro.
No contentos con tanto
inventamos la comunicación
los simulacros
y la pornografía.
Hasta los secretos
nos inventamos.
y las mentiras.
Sobre todo las mentiras.
Echa un vistazo al patio si no me crees.
Es una cuestión de fe no hacerlo.
Y matamos a dios, ¿recuerdas? Y estuvo bien.
De acuerdo.
Pero hemos convertido el destino en una resignación,
la miseria en rutina
y hemos reducido el fuego al calor de su potencia
hasta meterlo en un caja de cerillas
y ponerle una señal de aviso.
De advertencia.
Aquí nadie se acuerda de los sueños
y mejor,
porque tienen que dar un miedo de la ostia.
Como niños riéndose por la noche en las alcantarillas
mientras chocan sus globos contra las rejas de los desagües
y explotan.
Los globos.
Hay una capa de odio que nos hemos puesto como lentillas en los ojos.
Un disfraz caducado tan podrido que apesta como nuestras desilusiones.
Hemos cifrado la necesidad en números,
el valor en porcentajes,
y hemos puesto en oferta la falta de interés.
Nos hemos estadistiqueado hasta la médula.
¿Y para qué negarlo? Estamos perdidos.
No tenemos ni puta idea de hacia dónde vamos.
Nos rascamos la cabeza desorientados y encogiéndonos de hombros.
Tenemos muchos cómos
y ningún por qué.
Nuestro único objetivo se reduce al final
a conseguir la pasta
con la que comprar una felicidad que ya de por sí es un sucedáneo.
Porque eso hicimos con todo.
Lo pusimos un precio
y dejamos que engordara como los cerdos antes de san Martín.
La publicidad puso los escaparates.
Los gobiernos traficaron con los impuestos.
La prensa hizo su trabajo.
¿Y nosotros? ¿Que dónde estábamos nosotros?
Comprando.
Dónde íbamos a estar si no.
Sin una filosofía a la que aferrarnos,
sin nada
sin absolutamente nada
por lo que poder jugarnos la vida.
Nuestra única vida,
nuestra desdichada pretenciosa y sobre todo irrepetible vida
ahora que no nos queda ni dios
y hasta los viejos se mueren en silencio.
No tenemos por lo qué luchar.
Nos da igual la mierda mientras no nos salpique.
Así que hacemos grandes letrinas en donde cagarnos
y las llamamos países,
no sea que se piensen que pensamos.
Reconozcámoslo: no tenemos ninguna respuesta.
Todavía.
Matamos a dios y estuvo bien, porque no existía,
pero nos quedamos sin clavos ardiendo
a los que aferrarnos
y así estamos: cayendo.
Y sin ninguna fe ya en los milagros.
O todavía.
Matamos a dios y estuvo bien, porque no existía.
No hubo tanto que discutir, solamente nos quedamos huérfanos
de clavos ardiendo
y sin tener a lo que aferrarnos nos dejamos caer
creyendo que nosotros mismos
sabríamos salir por nuestra propia cuenta
del precipicio.
Nos dejamos caer confiando demasiado quizá
en nuestras alas.
Y está claro que algo no salió bien.
Inventamos el mercado
la economía
la democracia
y las listas del paro.
No contentos con tanto
inventamos la comunicación
los simulacros
y la pornografía.
Hasta los secretos
nos inventamos.
y las mentiras.
Sobre todo las mentiras.
Echa un vistazo al patio si no me crees.
Es una cuestión de fe no hacerlo.
Y matamos a dios, ¿recuerdas? Y estuvo bien.
De acuerdo.
Pero hemos convertido el destino en una resignación,
la miseria en rutina
y hemos reducido el fuego al calor de su potencia
hasta meterlo en un caja de cerillas
y ponerle una señal de aviso.
De advertencia.
Aquí nadie se acuerda de los sueños
y mejor,
porque tienen que dar un miedo de la ostia.
Como niños riéndose por la noche en las alcantarillas
mientras chocan sus globos contra las rejas de los desagües
y explotan.
Los globos.
Hay una capa de odio que nos hemos puesto como lentillas en los ojos.
Un disfraz caducado tan podrido que apesta como nuestras desilusiones.
Hemos cifrado la necesidad en números,
el valor en porcentajes,
y hemos puesto en oferta la falta de interés.
Nos hemos estadistiqueado hasta la médula.
¿Y para qué negarlo? Estamos perdidos.
No tenemos ni puta idea de hacia dónde vamos.
Nos rascamos la cabeza desorientados y encogiéndonos de hombros.
Tenemos muchos cómos
y ningún por qué.
Nuestro único objetivo se reduce al final
a conseguir la pasta
con la que comprar una felicidad que ya de por sí es un sucedáneo.
Porque eso hicimos con todo.
Lo pusimos un precio
y dejamos que engordara como los cerdos antes de san Martín.
La publicidad puso los escaparates.
Los gobiernos traficaron con los impuestos.
La prensa hizo su trabajo.
¿Y nosotros? ¿Que dónde estábamos nosotros?
Comprando.
Dónde íbamos a estar si no.
Sin una filosofía a la que aferrarnos,
sin nada
sin absolutamente nada
por lo que poder jugarnos la vida.
Nuestra única vida,
nuestra desdichada pretenciosa y sobre todo irrepetible vida
ahora que no nos queda ni dios
y hasta los viejos se mueren en silencio.
No tenemos por lo qué luchar.
Nos da igual la mierda mientras no nos salpique.
Así que hacemos grandes letrinas en donde cagarnos
y las llamamos países,
no sea que se piensen que pensamos.
Reconozcámoslo: no tenemos ninguna respuesta.
Todavía.
Matamos a dios y estuvo bien, porque no existía,
pero nos quedamos sin clavos ardiendo
a los que aferrarnos
y así estamos: cayendo.
Y sin ninguna fe ya en los milagros.
O todavía.
sábado, 17 de agosto de 2013
EL CRIMEN FUE EN GRANADA: A FEDERICO GARCÍA LORCA
1. El crimen
Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
—sangre en la frente y plomo en las entrañas—
... Que fue en Granada el crimen
sabed —¡pobre Granada!—, en su Granada.
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
—sangre en la frente y plomo en las entrañas—
... Que fue en Granada el crimen
sabed —¡pobre Granada!—, en su Granada.
2. El poeta y la muerte
Se le vio caminar solo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
—Ya el sol en torre y torre, los martillos
en yunque— yunque y yunque de las fraguas.
Hablaba Federico,
requebrando a la muerte. Ella escuchaba.
«Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el golpe de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo
a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban...
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!»
sin miedo a su guadaña.
—Ya el sol en torre y torre, los martillos
en yunque— yunque y yunque de las fraguas.
Hablaba Federico,
requebrando a la muerte. Ella escuchaba.
«Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el golpe de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo
a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban...
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!»
3.
Se le vio caminar...
Labrad, amigos,
de piedra y sueño en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!
Antonio Machado
Labrad, amigos,
de piedra y sueño en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!
Antonio Machado
miércoles, 14 de agosto de 2013
Vamos a ponernos un poco cachondos
Este otoño nos traerá una antología de poesía erótica publicada por Origami y editada por Adriana Bañares, en la que humildemente participa un servidor.
viernes, 19 de julio de 2013
Desde el Monte Ararat (fragmento), de Adriana Bañares
El valor de la lejanía
la pertenencia y el ansia
el hambre de dolor
la ternura sádica
la cuerda de mi horca
el filo de tus pestañas
el silencio
rasga el cuerpo
el final triste
rostro hundido
tocarse desde lejos
conservar en frío.
Adriana Bañares, Engaño Progresivo, Diputación de Valladolid, 2012
martes, 25 de junio de 2013
Los poetas también
A los poetas también
nos salen
granos,
y eructamos
en mitad de los poemas,
y nos emborachamos, y vomitamos
en los jardines del Parnaso.
Yo también voy en autobús
y
bajo
en la parada más triste.
Hago la compra
con marcas blancas
y siempre me olvido
de los hipérbatos
y de los guisantes
congelados,
también me hurgo las metáforas
mientras espero
en la cola del cajero automático,
y le miro el escote a tu hermana,
y hago chistes sobre lisiados,
y me gusta el plato que tú detestas,
y me quedé dormido durante la película
que te hizo llorar,
y seguramente te caigo mal,
pero no peor que tú a mí.
Los poetas también rompemos platos,
y la vajilla entera si hace falta,
los poetas…
los poetas sobretodo engañamos,
decimos mentiras,
aún diciendo la
verdad,
o quizás
para decir la verdad
decimos
mentiras,
no lo sé,
pero no te fíes,
porque un poeta
es tan débil y cobarde como tú,
pero con un verso del calibre justo
te (con)vencerá.
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