martes, 24 de febrero de 2026

martes, 10 de febrero de 2026

Tres tristes tigres

Hola: 
He decidido desempolvar mis rincones de internet y plantar de nuevo poemas como una humilde forma de gritar que todavía no he muerto y que soy algo más que un olvido. Ya sé que no se lleva eso de publicar en un blog y que debería hacerme un tik-tok, aprender hacer bonitos vídeos, vender mi vida privada, lamer las botas de la poesía del poder y vender mensajes optimistas, pero toda esa mierda va contra mi naturaleza. No aguanto el postureo, no aguanto la poesía adolescente (cuando la escriben poetas adultos) ni las dinámicas de poder y la corrupción de tantos poetas. 
Así que vuelvo a esparcir mis poemas sin esperanza y con convencimiento.

¡Salud y poesía!






 Me adentro en las entrañas del tráfico
con truenos detrás de mí
y trabajo estrategias trucadas
     que tropiezan atrasadas,
          diestras, trastocadas,
contra trastos trizados
en el trámite de treguas 
entre tigres y trenzas.

Tristéamos
a través de este trago
de transparente alquitrán,
traduciendo trinos de tractor
detrás de metros extraterrestres
que arrastren nuestra cicatriz
por la contradicción abstracta
de traicionar a mis monstruos
con una tragedia mal estructurada
de trama tranquila y silvestre
que gratifica con trofeos
      sus tropiezos atravesados 
        por la frustración.


Y, si trituramos la estricta simetría
     del desastre
con otro atracón de petróleo y salitre
       en el centro del vientre,
no retrasaremos el tren postrero
no trazaremos trayectorias de trapecista
en los trozos de tramontana
      que entren en tropel
a través de las letras
filtradas por la trivialidad.

Pero ojalá castren las maltrechas estrellas
  con nitrato y artrosis,
ojalá trepen intrincados los trances
  como potros eléctricos 
entre los trigos estrechos
mientras los tréboles de cuatro rostros
       tributan ristras de trovadores
     desde su trinchera
y triunfalmente destruiré
en trescientos treinta y tres trompicones
la patria, el cetro y el trono
de esos trileros que tanto nos tratan de controlar.



miércoles, 1 de diciembre de 2021


 Náufrago

Me faltan momentos
a los que aferrarme
para llegar al final de cada día,
solamente quiero algún soplido,
sólo un poco de luz
destilada en colores cálidos
al final de esta plegaria,
una pluma de arcángel
bajo mi vómito
en esta calle sin nombre,
una aguja,
atravesando esta tristeza
incontenible,
que me profane las venas.

Me sangran los amuletos
entre lo que tanto quise
y lo que ya no podré;
el horizonte escapa
de mis pies
como el humo
del fuego
y no existe orilla.

Mañana la resaca
me empujará de nuevo a ti
sin ahogarme,
me llevará a juntar
las letras de tu nombre en mi boca,
mañana seré arrastrado
por el oleaje
de nuestro dolor sin tierra
en la que apoyarme,
seré náufrago que prueba
el agua salada de tu memoria
y la vuelve a beber
hasta escupir sal
y no existe orilla.

Ya no lucho contra la corriente
mientras me hundo poco a poco
en la anestesia de la monotonía
del caos,
del agua y del viento
disputándose lo que queda de mí,
arrancándome el alma
del cuerpo
en cada ola
con la erosión rascando
desde la piel hasta los huesos
y no existe orilla,
ahora vivo en la tormenta.

miércoles, 27 de octubre de 2021

viernes, 1 de febrero de 2019

Palabra Voyeur: Poética

 




Hace un par de días publicaron la buena gente de Palabra Voyeur un vídeo genial con un poema mío incluído en el poemario Todo lo que no entre en la memoria (Ediciones En Huída, 2018).


Espero que os guste tanto como a mí.


Palabra voyeur: video-poema de "Poética"











viernes, 25 de enero de 2019

Descubrimiento del día: Partida de oficina, de Celeste Viedma



Partida de oficina


La foto la he sacado de aquí.

Cada lunes me rodeo de mercenarios.
Como rancios alfiles y devotos corceles
se mueven a zancadas apuradas
sobre esta gran mazmorra nauseabunda.

Vaya reguero de tinta vieja
que hunde todo barco de papel,
que disuelve amuletos y tesoros.

Un café con ella
y nadie sabe cuidar sin encerrar
nadie sabe cómo mantener con vida
sus desechos cristalinos de coraje.


Del libro Juncos de papel (Ed. Peces de ciudad, 2018)

viernes, 23 de noviembre de 2018

El libro

Después de intentar mover la presentación de mi libro por redes sociales (con escaso éxito) y por la vida real (de momento sólo en tres ciudades) me he dado cuenta que me quedaba todavía este rincón por mancillar. No tiene perdón que este blog, que no por casualidad tiene el mismo nombre que mi poemario,  haya permanecido tanto tiempo en silencio. Pues bien, ya estoy aquí.


Lo primero que tengo que decir es que estoy muy agradecido a Ediciones En Huída ya que ha sido la primera editorial que después de muchos años de intentar publicar, ha decidido que mis poemas merecían ser puestos sobre papel y, por supuesto, doy infinitas gracias a Alma, gran responsable de que este libro exista, por su apoyo y su enorme paciencia conmigo. Hasta hace unos meses cuando la gente del mundillo poético me preguntaba si tenía algo publicado o directamente me preguntaba dónde podían conseguir mis libros yo respondía en modo ocurrente que yo era póstumo. Ahora voy a tener que cambiar de chascarrillo, -evitando el de la mesa coja-. ¿Pero qué estoy sacando de todo esto?




Por un lado, estoy aprendiendo de los típicos errores del novato: no he sido todo lo minucioso con los detalles de la edición como lo debiera haber sido; como ya he dicho antes, no he sabido difundirme por redes ni contactar con periodistas para alcanzar a más gente y además siempre me ha dado apuro venderme. Todo lo que suponga comercializarme me crea cierta repulsa.
Por otra parte, es cierto que produce cierta ilusión ver materializado en 125 copias de papel eso que has anhelado tanto tiempo, pero una vez logrado lo desmitificas, pones los pies sobre la tierra y te llegan algunas dudas como: ¿quién va a comprar el libro?, ¿seré tan papético de no conseguir vender una tirada tan pequeña?, ¿se harán más tiradas?, ¿cuánto tiempo resistirá el libro al olvido?, ¿llegaré a aborrecer sus poemas?, ¿cuánto dinero voy a perder presentádolo por ahí?, ¿cuándo decidirán publicarme un segundo libro?
Este pesimismo es intrínseco a mi ser; parece que no me gusta estar bien y siempre encuentro una excusa para no disfrutar una victoria, pero estoy intentando mejorar como persona y canalizar esta actitud autodestructiva para que sea un modo de mejorar exigiéndome más. Os lo prometo, a partir de ahora voy a lloriquear menos y a crecer con cada tropiezo.

Y para terminar esta entrada voy a dejaros un poema del libro y también voy a dejaros un enlace de la página de Ediciones En Huida donde podéis conseguir mi libro.

Muchas gracias, se os quiere.




Los gatos

Los gatos de mi ciudad
suben de noche a los tejados
-como en cualquier ciudad-
y allí estiran sus cuerpos,
y sus patas,
y sus colas
hasta casi salir de sí mismos,
estiran sus deseos
hacia arriba
para intentar acariciar
       con sus garras
el universo
y así hacer tambalearse
algún astro,
esperando que caiga
para jugar con su luz
                 en las tinieblas.