Hola:
He decidido desempolvar mis rincones de internet y plantar de nuevo poemas como una humilde forma de gritar que todavía no he muerto y que soy algo más que un olvido. Ya sé que no se lleva eso de publicar en un blog y que debería hacerme un tik-tok, aprender hacer bonitos vídeos, vender mi vida privada, lamer las botas de la poesía del poder y vender mensajes optimistas, pero toda esa mierda va contra mi naturaleza. No aguanto el postureo, no aguanto la poesía adolescente (cuando la escriben poetas adultos) ni las dinámicas de poder y la corrupción de tantos poetas.
Así que vuelvo a esparcir mis poemas sin esperanza y con convencimiento.
¡Salud y poesía!
Me adentro en las entrañas del tráfico
con truenos detrás de mí
y trabajo estrategias trucadas
que tropiezan atrasadas,
diestras, trastocadas,
contra trastos trizados
en el trámite de treguas
entre tigres y trenzas.
Tristéamos
a través de este trago
de transparente alquitrán,
traduciendo trinos de tractor
detrás de metros extraterrestres
que arrastren nuestra cicatriz
por la contradicción abstracta
de traicionar a mis monstruos
con una tragedia mal estructurada
de trama tranquila y silvestre
que gratifica con trofeos
sus tropiezos atravesados
por la frustración.
Y, si trituramos la estricta simetría
del desastre
con otro atracón de petróleo y salitre
en el centro del vientre,
no retrasaremos el tren postrero
no trazaremos trayectorias de trapecista
en los trozos de tramontana
que entren en tropel
a través de las letras
filtradas por la trivialidad.
Pero ojalá castren las maltrechas estrellas
con nitrato y artrosis,
ojalá trepen intrincados los trances
como potros eléctricos
entre los trigos estrechos
mientras los tréboles de cuatro rostros
tributan ristras de trovadores
desde su trinchera
y triunfalmente destruiré
en trescientos treinta y tres trompicones
la patria, el cetro y el trono
de esos trileros que tanto nos tratan de controlar.
martes, 10 de febrero de 2026
Tres tristes tigres
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