¿Vosotros cuánto espacio, tiempo, palabras necesitáis para explicar vuestra vida? Yo he utilizado 26 palabras, 7 versos, 7 frases, un punto y aparte, tres tiempos vebales...
jueves, 13 de junio de 2013
Autobiografía
¿Vosotros cuánto espacio, tiempo, palabras necesitáis para explicar vuestra vida? Yo he utilizado 26 palabras, 7 versos, 7 frases, un punto y aparte, tres tiempos vebales...
martes, 2 de abril de 2013
Cigarrillos
![]() |
| La fotografía la he sacadode aquí |
Cada vez que fumo
tengo 19 años,
espero fuera de clase
y finjo ser interesante
mientras me mancho
los pulmones de alquitrán.
Cada vez que fumo
me vuelvo a enamorar de Elisa,
escribo canciones
horribles
y escondo flores
por sus rincones.
Cada vez que fumo
bebo hasta vomitar,
grito, robo, corro,
miento,
intento destruírme
y no lo consigo.
Cada vez que fumo
no tengo móvil,
juego a ser poeta,
la esperanza me envenena
y creo que la vida
será como yo quería,
pienso que seguiré fumando
y amando como antes,
que el destino se rendirá
y que después de cada calada
hay algo más
que humo y ceniza.
viernes, 2 de marzo de 2012
viernes, 6 de mayo de 2011
martes, 15 de marzo de 2011
La cicatriz
Me gusta recordar a través de las cicatrices. Cada una es un momento de mi vida que vuelve a mí cuando la miro o siento su tacto. Tengo una sobre el índice de la mano derecha que me recuerda la primera vez que decidí hacerme yo solo un bocadillo. Otra en el codo izquierdo me recuerda un impresionante descenso sin frenos desde La Cuesta del Cuerno. Pero sin duda la más importante es la cicatriz que llevo en el cuello.
Era el final del verano. Alberto volvía después de un mes fuera. Todos los amigos quedaron obedientemente con él para pasar el día pedaleando, no importaba a dónde, lo importante es que Alberto estaba de nuevo aquí. No existía el cansancio, no se nos permitía el aburrimiento en su presencia. Alberto había vuelto.
Antes de regresar a casa para la cena Alberto dejó que el resto se fueran yendo poco a poco. En cuanto nos quedamos solos se lo sacó del bolsillo: -No se lo digas a éstos. Te lo compré porque sé que te gustan estas cosas. Era una punta de flecha en un cordón negro. Yo prefería los colgantes con significado, una flecha no me decía gran cosa, pero me la había regalado Alberto, a mí y no al resto. Eso llenaba la flecha de más significado que todos los colgantes del mundo.
Llevaba siempre la flecha bien ceñida al cuello, no quise esperar a que se fuera la roncha que me había salido justo en la trayectoria del cordón. Esa roncha terminó cansándose de ser roncha y decidió hacerse sangre. Mis padres estuvieron a punto de cortarme el colgante con tal de que no empeorase la rozadura, pero yo no iba a permitir tal traición. Con el roce continuo no duraban las postillas más que un par de días y no tardó en infectarse la herida. La solución fue aflojar todo lo posible el cordón para alejarlo de la zona de conflicto.
No importaba que en esas últimas semanas de septiembre Alberto y yo nos hubiéramos enfadado. Yo seguía llevando la flecha. No era la primera vez que discutíamos -últimamente era una costumbre-, pero esta discusión había sido la más fuerte hasta el momento. Aun así no importaba, nos reconciliaríamos, y más adelante volveríamos a discutir y a arreglar las cosas entre nosotros, y otra vez discutiríamos y nuevamente volveríamos a ser amigos.
En mi casa todos han sido siempre unos vagos y todavía más un sábado por la mañana. Por no variar yo me tuve que levantar del sofá para coger el teléfono:
-Carrasco, Alberto ha muerto.
-Es una broma.
-¡Qué no es una broma! ¡Alberto ha tenido un accidente esta mañana!
Al final cicatrizó bien la herida del cuello. Llevé el colgante durante años hasta que se desgastó la flecha y ya casi no parecía una flecha, sino un simple trozo de metal gris. Entonces la guardé en un cajón. Pero sigo llevando la cicatriz.
martes, 16 de noviembre de 2010
Elegía a Fco. Javier Pascual
ELEGÍA
Ante los ojos, mientras, el futuro
se me adelgaza delicadamente,
más difícil, más frágil, más escaso.
Jorge Guillen.
Hoy es el primer día que
no te despiertas,
hablo a tu vacío
para sacar de mí
todo lo que nunca
________te diré:
palabras ahogadas
en sangre,
porque esta tinta es sangre
que ya no te manchará.
Ésta es la primera madrugada
que no se alimenta de tu sueño
________o de tu insomnio,
te vas directo a nuestros recuerdos
a seguir viviendo,
a seguir muriendo
durante toda nuestra memoria.
Conservo seca
tu mirada
clavada en mis ojos,
a veces
repleta de cansancio
y otras veces
luminosa,
conteniendo un torrente de pensamientos.
¿Qué será de tu mirada sin tus ojos?
¿Dónde irá tu voz
sin nada nuevo
______que decir?
_____________Será un eco
atrapado en otras voces.
Finalmente tu futuro
ha adelgazado
hasta las cenizas,
______ahora
tan sólo eres
lo que has sido,
aunque quizás
_____también seas
parte de lo que soy,
de lo que somos.
Tú no terminas en ti,
vives todavía
mientras muero
y hoy
____me
____derramo
________en
________tu
________muerte.
Tu ausencia es un silencio opaco
como una piedra,
una enorme piedra
mordida por el tiempo,
tiempo que ya no existe para ti,
que ya no te empuja
y que también me barrerá.
Tú ya no eres tú,
te me rompes
__________en
mil
___momentos,
te vas poco a poco
como la arena
entre los dedos,
me aplastas
desde dentro
con tu nada
porque tú ya no eres tú,
eres un gigantesco
_____vacío
con quien hablo
sin buscar una respuesta.
Jesús Carrasco Gómez, 21 de octubre de 2010.
miércoles, 12 de mayo de 2010
jueves, 15 de abril de 2010
Símplemente con las manos (Meacuerdo V)
de las primeras pedaladas,
de convertirme en un centauro
con ruedas en vez de cascos,
me acuerdo de los caminos
estirándose hacia el horizonte,
____________ caminos
que desafiaban
nuestra imaginación,
que no nos contaban a dónde llevaban.
Me acuerdo de cuando los niños
conquistábamos el pueblo
cada noche de verano
símplemente con las manos.
Me acuerdo de como
me teñía el sol
y el cloro
me arañaba los ojos.
Recuerdo todavía las historias,
como la de un castillo
que fue construido por los moros
_____________ en una noche.
Me acuerdo de los timbres
que nos perseguían,
me acuerdo de nuestras clandestinidades
y secretos,
me acuerdo de nuestros refugios.
Me acuerdo de un pico
lleno de "talentos",
me acuerdo de ir campo a través
para llegar a lo desconocido,
me acuerdo...
viernes, 12 de marzo de 2010
martes, 3 de noviembre de 2009
lunes, 3 de agosto de 2009
Manchas de fluor (Meacuerdo IV)

Me acuerdo de que la gente
me envejecía
dos o tres años
que al mismo tiempo
me restaban
y
me sumaban
a través de la altura.
Me acuerdo de atardeceres
que todavía no conocían
la palabra melacolía.
Me acuerdo del mar
la primera vez,
como en una foto descolorida,
aplastado por la luz.
No consigo acordarme
de todas mis cicatrices,
de todas las lágrimas
y caídas
acumuladas en las piernas
Me acuerdo de las piedras
pequeñas, medianas y grandes
convirtiendo juegos en guerras,
gritos en odio.
Me acuerdo del olor a incienso
y sabor a mosto
de los domingos por la mañana.
Me acuerdo de las manchas
sobre el babi.
A veces me acuerdo
del cura don Jesús
de visita en casa
una vez al mes.
Me acuerdo de los pantalones de pana
que nunca más
me volví a poner.
Me acuerdo de mi primera bicicleta,
de la primera tarde
sin las ruedecitas,
me acuerdo de esa primera manera
de volar.
jueves, 4 de junio de 2009
Un mundo todavía muy pequeño (Me acuerdo III)

Me acuerdo de las palabras
cubriéndome la escayola,
me acuerdo de ese primer dolor,
pero no consigo recordar el brazo.
Me acuerdo de la rabia
concentrada en lágrimas,
las grandes injusticias
de un mundo todavía muy pequeño.
Me acuerdo de las palabras prohibidas,
me acuerdo del presidio
de la ropa que no me gustaba,
de los domingos de misa y mosto
y propina malahorrada.
Me acuerdo de oir, ver y callar,
y callar, y callar y ser callado
y mientras tanto
pensar, pensar y pensar.
Me acuerdo
de las dos eternidades
de digestión,
de Pedro Delgado perdiendo el Tour,
de las pepitas de sandía
manchándonos la cara,
me acuerdo de los girasoles decapitados,
de cajas de zapatos
con voz de grillo,
me acuerdo de la guerra
de globos
que declarábamos cada noche
sin nada que conquistar.
Me acuerdo...
lunes, 4 de mayo de 2009
Siempre tarde y sucio (Me acuerdo II)

Me acuerdo de masticar toda la tarde
en los chicles
hasta tragármela,
me acuerdo de llegar a casa
siempre tarde y sucio,
me acuerdo de no recordar
el nombre de mis primos,
de aprenderlo y olvidarlo
cuando venían y cuando se marchaban.
Me acuerdo de las chocolatinas
los domingos
y de las que llegaban sin avisar,
me acuerdo
de los paseos hasta las entrañas
de la tierra
y de las sardinas de plata
saboreando el pan,
me acuerdo de sus pelos
escapando de las orejas
y de la nariz,
no me acuerdo del sonido
de su voz humeante
después de cada calada,
me acuerdo de su chaleco oscuro.
Me acuerdo de la muerte,
por primera vez,
al volver del colegio,
tumbada sobre la cama,
no se pararon los relojes.
Me acuerdo del papel pinocho,
de seda,
de calco
y de charol,
del contrabando de plastilina,
de los mal,
bien,
bastante bien
y regular,
me acuerdo de que sigo siendo zurdo
y de que el número siete nunca
me llegó a gustar del todo.
Me acuerdo de los techos
para gigantes
y de piscinas cuyo suelo
era la más inmensa profundidad,
me acuerdo
de lo fácil que era agarrar los sueños
para que no se escapasen
por la mañana.
jueves, 9 de abril de 2009
Me acuerdo (primera parte)

He decidido comenzar a escribir "meacuerdos" y publicar una parte de éstos cada mes. Quizá no sean más que un ejercicio de composición, pero a mí me gustan mucho, y son una buena excusa para ponerse ha escribir algo. Aquí va la primera sesión:
Me acuerdo de las manos de mi padre
cuando niño,
que ahora son las mías,
me acuerdo de las sillas verdes
y la tiza,
de cómo pesaba el aire
antes de la tormenta,
del gato que nunca tuve,
me acuerdo de David y de Alberto
y de todo el silencio que dejaron detrás.
Me acuerdo de las canciones
que hoy han olvidado todos los niños,
me acuerdo de las canicas,
de las chapas,
de las peonzas, peoncines y peonzones,
de los tirachinas,
de las calcomanías, pegatinas
y cromos repetidos
los domingos en Cantarranas.
Me acuerdo de las tardes de cartas,
mientras en la calle sólo jugaba la lluvia
fabricando charcos
para nuestras catiuscas.
Me acuerdo de los codos
y las rodillas
llenas de rosas secas
que arañadas
volvían a florecer,
me acuerdo de las ronchas,
de rascarme y rascarme
sin que mi madre me viera,
me acuerdo de como un ratón
me robaba los dientes
y de que treinta y siete grados
todavía no era fiebre.
Me acuerdo de dos canales en televisión
y de toda la vida afuera.
Continuará...



