Mostrando entradas con la etiqueta Adriana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Adriana. Mostrar todas las entradas
martes, 28 de abril de 2015
El final del poema es sentirte, de Adriana Bañares
No soy muy bueno escribiendo reseñas, solo diré que el último poemario de Adriana, Ave que no vuela muere (Ediciones Oblícuas, 2015), es sin duda lo mejor que he leído en mucho tiempo y ha dejado el listón muy alto. Lo siento mucho por el próximo poemario que lea.
El final del poema es sentirte
un poco más cerca.
Olvidar que te extraño tantísimo
que extraño tantísimo
la vida que soñamos juntos
y que hoy tienes con otra.
El fin del poema es conseguirte.
Hacer que vuelva todo aquello.
Que me digas
lo que hubo antes y
lo que habrá después
no es nada
comparado con lo que queda
entre nosotros. El fin del poema
es que me digas que es tan cierto
aquello
que te quedas conmigo
y me salvas de esta muerte
tan lenta
de esta isla estéril que es mi cuerpo
de esta isla tumba
círculo
perfecto.
lunes, 4 de agosto de 2014
miércoles, 14 de agosto de 2013
Vamos a ponernos un poco cachondos
Este otoño nos traerá una antología de poesía erótica publicada por Origami y editada por Adriana Bañares, en la que humildemente participa un servidor.
viernes, 19 de julio de 2013
Desde el Monte Ararat (fragmento), de Adriana Bañares
El valor de la lejanía
la pertenencia y el ansia
el hambre de dolor
la ternura sádica
la cuerda de mi horca
el filo de tus pestañas
el silencio
rasga el cuerpo
el final triste
rostro hundido
tocarse desde lejos
conservar en frío.
Adriana Bañares, Engaño Progresivo, Diputación de Valladolid, 2012
martes, 12 de febrero de 2013
Hay una araña en mi clavícula, de Sara Herrera Peralta
Gracias a Adriana Bañares por descubrirme a esta poetisa.
Hay una araña en mi clavícula.
Una araña grande que lo invade todo,
el mar y los huecos,
la tierra,
el apartaemento.
Hay una araña en mi clavícula.
Y me cubre.
Y me protege.
Porque todas las madres
han sido miedo, amor, herida, lucha y
tierra.
Hay una araña en mi clavícula.
Porque todas las madres han sabido
cuánto pesa una muerte,
cuánto mide el olvido.
Y sin embargo, esperan.
La vida es una presagio.
Útil como no supo nadie
serlo con tantos años,
con menos miedo
del que ella tiene,
la araña es su madre,
la voz callada, un refugio.
Mientras el padre
entretiene a la criada,
su madre y sus hermanas
hacen el almuerzo.
Hay siempre un lugar
para los abandonados.
Sara Herrera Peralta, Hay una araña en mi clavícula, 2012.
domingo, 6 de enero de 2013
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


