martes, 24 de marzo de 2026

Me ladra

 


 

El corazón me ladra
cuando todos saben,
cuando todos callan,
cuando nadie hace.


El corazón me muerde
si me callo,
si lo sé,
si no hago.


Enferma de rabia mi corazón
cuando no hacemos,
cuando callamos
y lo sabemos.




martes, 24 de febrero de 2026

martes, 10 de febrero de 2026

Tres tristes tigres

Hola: 
He decidido desempolvar mis rincones de internet y plantar de nuevo poemas como una humilde forma de gritar que todavía no he muerto y que soy algo más que un olvido. Ya sé que no se lleva eso de publicar en un blog y que debería hacerme un tik-tok, aprender hacer bonitos vídeos, vender mi vida privada, lamer las botas de la poesía del poder y vender mensajes optimistas, pero toda esa mierda va contra mi naturaleza. No aguanto el postureo, no aguanto la poesía adolescente (cuando la escriben poetas adultos) ni las dinámicas de poder y la corrupción de tantos poetas. 
Así que vuelvo a esparcir mis poemas sin esperanza y con convencimiento.

¡Salud y poesía!






 Me adentro en las entrañas del tráfico
con truenos detrás de mí
y trabajo estrategias trucadas
     que tropiezan atrasadas,
          diestras, trastocadas,
contra trastos trizados
en el trámite de treguas 
entre tigres y trenzas.

Tristéamos
a través de este trago
de transparente alquitrán,
traduciendo trinos de tractor
detrás de metros extraterrestres
que arrastren nuestra cicatriz
por la contradicción abstracta
de traicionar a mis monstruos
con una tragedia mal estructurada
de trama tranquila y silvestre
que gratifica con trofeos
      sus tropiezos atravesados 
        por la frustración.


Y, si trituramos la estricta simetría
     del desastre
con otro atracón de petróleo y salitre
       en el centro del vientre,
no retrasaremos el tren postrero
no trazaremos trayectorias de trapecista
en los trozos de tramontana
      que entren en tropel
a través de las letras
filtradas por la trivialidad.

Pero ojalá castren las maltrechas estrellas
  con nitrato y artrosis,
ojalá trepen intrincados los trances
  como potros eléctricos 
entre los trigos estrechos
mientras los tréboles de cuatro rostros
       tributan ristras de trovadores
     desde su trinchera
y triunfalmente destruiré
en trescientos treinta y tres trompicones
la patria, el cetro y el trono
de esos trileros que tanto nos tratan de controlar.