martes, 28 de abril de 2015

El final del poema es sentirte, de Adriana Bañares



No soy muy bueno escribiendo reseñas, solo diré que el último poemario de Adriana, Ave que no vuela muere (Ediciones Oblícuas, 2015), es sin duda lo mejor que he leído en mucho tiempo y ha dejado el listón muy alto. Lo siento mucho por el próximo poemario que lea.

El final del poema es sentirte


un poco más cerca.
Olvidar que te extraño tantísimo
              que extraño tantísimo
              la vida que soñamos juntos
y que hoy tienes con otra.
 El fin del poema es conseguirte.
Hacer que vuelva todo aquello.
Que me digas
              lo que hubo antes y
lo que habrá después
               no es nada
comparado con lo que queda
entre nosotros. El fin del poema
es que me digas que es tan cierto
             aquello
              que te quedas conmigo
              y me salvas de esta muerte
                                   tan lenta
                                   de esta isla estéril que es mi cuerpo
                                   de esta isla tumba
                                                   círculo
                                                   perfecto.

sábado, 28 de marzo de 2015

Viento del pueblo, de Miguel Hernández

Hay voces que no pueden morir.


    VIENTOS DEL PUEBLO ME LLEVAN
    Vientos del pueblo me llevan,
    vientos del pueblo me arrastran,
    me esparcen el corazón
    y me aventan la garganta.

    Los bueyes doblan la frente,
    impotentemente mansa,
    delante de los castigos:
    los leones la levantan
    y al mismo tiempo castigan
    con su clamorosa zarpa.

    No soy de un pueblo de bueyes,
    que soy de un pueblo que embargan
    yacimientos de leones,
    desfiladeros de águilas
    y cordilleras de toros
    con el orgullo en el asta.
    Nunca medraron los bueyes
    en los páramos de España.
    ¿Quién habló de echar un yugo
    sobre el cuello de esta raza?
    ¿Quién ha puesto al huracán
    jamás ni yugos ni trabas,
    ni quién al rayo detuvo
    prisionero en una jaula?

    Asturianos de braveza,
    vascos de piedra blindada,
    valencianos de alegría
    y castellanos de alma,
    labrados como la tierra
    y airosos como las alas;
    andaluces de relámpagos,
    nacidos entre guitarras
    y forjados en los yunques
    torrenciales de las lágrimas;
    extremeños de centeno,
    gallegos de lluvia y calma,
    catalanes de firmeza,
    aragoneses de casta,
    murcianos de dinamita
    frutalmente propagada,
    leoneses, navarros, dueños
    del hambre, el sudor y el hacha,
    reyes de la minería,
    señores de la labranza,
    hombres que entre las raíces,
    como raíces gallardas,
    vais de la vida a la muerte,
    vais de la nada a la nada:
    yugos os quieren poner
    gentes de la hierba mala,
    yugos que habéis de dejar
    rotos sobre sus espaldas.
    Crepúsculo de los bueyes
    está despuntando el alba.

    Los bueyes mueren vestidos
    de humildad y olor de cuadra:
    las águilas, los leones
    y los toros de arrogancia,
    y detrás de ellos, el cielo
    ni se enturbia ni se acaba.
    La agonía de los bueyes
    tiene pequeña la cara,
    la del animal varón
    toda la creación agranda.

    Si me muero, que me muera
    con la cabeza muy alta.
    Muerto y veinte veces muerto,
    la boca contra la grama,
    tendré apretados los dientes
    y decidida la barba.

    Cantando espero a la muerte,
    que hay ruiseñores que cantan
    encima de los fusiles
    y en medio de las batallas.
Miguel Hernández


sábado, 29 de noviembre de 2014

Vivir por encima de mí





En la ciudad ha comenzado a llover
y tú no estás.

Todo está conectado
en modos infinitos
y yo elijo               la conexión
que me parece más bella,
ni la más rápida,
ni la más lógica,
                          ni fácil,
que se clave Ockham su navaja,
¡muerte a la línea recta!
quiero que mi conexión seas tú
y por eso hoy
tú no estás
y en la ciudad ha comenzado a llover.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Ahora



Ahora… ni antes ni después…
ahora está sucediendo,
dime tú qué vas a hacer.

Estamos llenos de hambre y luz,
nos está sangrando la paciencia;
no queremos esperanza
repleta de nada,
reclamamos nuestro todo,
nuestras palabras
contra su oro,
nuestro ahora contra su nunca.

Ahora… ni antes ni después,
ahora es el momento
dime tú qué vas a hacer.

Nosotros somos los culpables,
nos pisan,
nos roban, nos muerden,
bajamos la mirada,
nos insultan,
nos enferman, nos prohiben,
                        nos mean,
y no decimos nada,
nosotros somos los culpables
de nuestra muerte cuando nos matan.

Ahora… ni antes ni después,
ahora sopla el viento,
dime tú qué vas a hacer.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Un año menos




Toc, toc, toc… toc, toc, toc… -Estoy durmiendo- toc, toc, toc, toc, toc, toc… El dolor de cabeza y dormir en un litera no me ayudan a llegar rápido a abrir la puerta.

-Felicidades.

No me lo esperaba: allí estaba Elena con un pastelito y una vela encendida.

-¿Qué haces aquí?

-¿No lo ves? felicitarte.

-Bueno.

-¿Vas a soplar la vela?

Entonces soplo la vela con pocas ganas.

-¿Ahora puedo ducharme?

-Se nota que anoche hubo fiestón.

-Sí, me emborraché solo en casa.

-Jajaja…

Mientras me ducho con una gran abulia pienso en qué hacer después. ¿La mando a casa? ¿le invito a un café? ¿cocino algo? No, no tengo ganas de cocinar.

-¿Nos vamos a pillar una pizza?

-Mejor vamos al griego que hay aquí al lado.

-Vale, pero no sé si está abierto. 

Cuando llegamos pide mesa para cuatro.

-También vienen Antonio y Alba.


En ese momento me creo la imagen de ella mandando mensajes a toda la gente que se había olvidado de mi cumpleaños, intentando movilizarla para evitar que pase el día encerrado en casa solo. Ya sé que todo el día va a ser una gran improvisación para intentar maquillar el olvido, para intentar no quedar mal. Me los imagino pensando “¡Mierda, hoy es el cumpleaños de Jess!”.

No intento esconder mi depresión y hoy hace un día espléndido: al buen tiempo, mala cara. Y así va pasando la tarde: vamos a tomar unas cervezas y Alba y Elena buscan una excusa para ausentarse. Antonio se queda con el papelón de quedarse con el suicida en potencia. Al cabo de unos cuarenta minutos aparece Diego. Por lo que se ve él no está en el ajo. Cuando Antonio le suelta que hoy es mi cumpleaños, no sabe cómo reaccionar, al final me felicita.

Vamos a la plaza a sentarnos en un banco con unas birras del pakistaní. Y después de un rato, ya de noche, llegan cuatro o cinco amigos como hormiguitas, algo dispersas pero en fila. Uno lleva una tarta y en cuanto arriban le colocan una vela. No les dejo que canten la horrible canción y soplo la llama lo antes posible. Que empiece el pastel quien quiera, a mí me da igual. Después de una media hora me toca empezarlo a mí. Ya tengo hambre y ese trozo y las birras van a ser mi única cena. Nadie demuestra mucha felicidad, pero tampoco tristeza, están confundidos, no saben cómo tienen que actuar conmigo. Yo solo quería estar solo en casa.

Después de un rato Elena decide que es el momento y saca el regalo: un libro. Me da pereza abrirlo. Yo no quería ningún libro más. Tengo muchísimos libros pendientes, pesan mucho en la maleta y ya me han regalado más de una vez libros que ya tenía o que me había leído. Recuérdame que te odie de Alex de la Iglesia ¿Acaso será una indirecta? ¿realmente quieren que los odie? además lo han comprado hoy, domingo, en una famosa cadena de librerías, sabiendo lo que yo pienso de comprar los festivos y de las grandes franquicias. Al menos éste no lo tengo. Estoy harto de tragar. No quiero estar allí, no quiero ese regalo, ahora tengo todavía más ganas de emborracharme solo.

La gente se va yendo poco a poco y yo también, y mientras vuelvo a casa me acuerdo de una extraña llamada que me pasó Antonio de Roberto:

-Hola.

-Hola, ¿qué tal la fiesta de ayer?

-Bien, con mucha gente del sur.

-Ah, vale.

Y después un silencio extraño de unos diez segundos. Y mi cabeza sigue dando vueltas por si sola. A nadie le importo lo suficiente como para que me organice una fiesta, a nadie le importo lo suficiente como para convencer a la gente para que me hagan un regalo de verdad, a nadie. Sólo le importo lo suficiente a Elena para recordar mi cumpleaños y yo soy tan gilipollas que ni se lo agradezco. En fin, un año menos.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Un año más





Otra vez doce de octubre, aquí en Italia no es fiesta, pero esta vez cae en domingo. Da igual, en estos últimos años me he acostumbrado a que mi cumpleaños pase como cualquier otro día. Esta noche nadie piensa en mí, como en estos últimos años. Todos han decidido ir a la fiesta de Lorena. Ella sí sabe cuándo es: ¿habrá pensado en mí? ¿se habrá dado cuenta de que su fiesta coincide con mi no-fiesta?

Fuera llueve y me he quedado solo en casa. Tengo munición alcohólica para montar mi propia fiesta. Cuando ya estoy terminando la primera birra suena el móvil: Antonio. Lo dejo sonar, me gusta la canción que tengo de tono, además, sé que él también está en la fiesta de Lorena. El teléfono suena de nuevo: Alba. No pienso ir a esa fiesta de mierda. Mi fiesta es mucho mejor, aquí no hay ex-somossoloamigos, no hay gente que se cabrea porque estoy deprimido y no me da la puta gana sonreír, no hay ladrones de abrigos, no hay capullos que me levantan a la chica, no hay felicitaciones falsas, no hay fotografías (odio las fotografías), no hay meteduras de pata, no hay nadie, no hay nada. Solo yo, botellas vacías de cerveza y todavía una botella de whisky barato.

Ya es medianoche: feliz cumpleaños, Jess. Mañana habrá resaca y la esperanza de que nadie me venga a molestar. Un año más.