viernes, 6 de mayo de 2011
martes, 15 de marzo de 2011
La cicatriz
Me gusta recordar a través de las cicatrices. Cada una es un momento de mi vida que vuelve a mí cuando la miro o siento su tacto. Tengo una sobre el índice de la mano derecha que me recuerda la primera vez que decidí hacerme yo solo un bocadillo. Otra en el codo izquierdo me recuerda un impresionante descenso sin frenos desde La Cuesta del Cuerno. Pero sin duda la más importante es la cicatriz que llevo en el cuello.
Era el final del verano. Alberto volvía después de un mes fuera. Todos los amigos quedaron obedientemente con él para pasar el día pedaleando, no importaba a dónde, lo importante es que Alberto estaba de nuevo aquí. No existía el cansancio, no se nos permitía el aburrimiento en su presencia. Alberto había vuelto.
Antes de regresar a casa para la cena Alberto dejó que el resto se fueran yendo poco a poco. En cuanto nos quedamos solos se lo sacó del bolsillo: -No se lo digas a éstos. Te lo compré porque sé que te gustan estas cosas. Era una punta de flecha en un cordón negro. Yo prefería los colgantes con significado, una flecha no me decía gran cosa, pero me la había regalado Alberto, a mí y no al resto. Eso llenaba la flecha de más significado que todos los colgantes del mundo.
Llevaba siempre la flecha bien ceñida al cuello, no quise esperar a que se fuera la roncha que me había salido justo en la trayectoria del cordón. Esa roncha terminó cansándose de ser roncha y decidió hacerse sangre. Mis padres estuvieron a punto de cortarme el colgante con tal de que no empeorase la rozadura, pero yo no iba a permitir tal traición. Con el roce continuo no duraban las postillas más que un par de días y no tardó en infectarse la herida. La solución fue aflojar todo lo posible el cordón para alejarlo de la zona de conflicto.
No importaba que en esas últimas semanas de septiembre Alberto y yo nos hubiéramos enfadado. Yo seguía llevando la flecha. No era la primera vez que discutíamos -últimamente era una costumbre-, pero esta discusión había sido la más fuerte hasta el momento. Aun así no importaba, nos reconciliaríamos, y más adelante volveríamos a discutir y a arreglar las cosas entre nosotros, y otra vez discutiríamos y nuevamente volveríamos a ser amigos.
En mi casa todos han sido siempre unos vagos y todavía más un sábado por la mañana. Por no variar yo me tuve que levantar del sofá para coger el teléfono:
-Carrasco, Alberto ha muerto.
-Es una broma.
-¡Qué no es una broma! ¡Alberto ha tenido un accidente esta mañana!
Al final cicatrizó bien la herida del cuello. Llevé el colgante durante años hasta que se desgastó la flecha y ya casi no parecía una flecha, sino un simple trozo de metal gris. Entonces la guardé en un cajón. Pero sigo llevando la cicatriz.
domingo, 13 de marzo de 2011
¿Dónde?
¿Dónde estabas antes de nacer?¿De dónde viniste,
de qué oscuridad?
¿Cuántos años,
cuántos siglos,
cuántos mundos has tardado en venir?
¿Quién te recordaba?
¿Quién te echava de menos
_______antes de nacer?
¿Cómo sonaba tu silencio?
¿Hasta dónde llegaba tu nada?
¿Dónde estabas antes de estar?
¿Quién eras antes de ser?
¿Qué serás después de morir?
miércoles, 2 de marzo de 2011
miércoles, 16 de febrero de 2011
Dejan los tambores de sonar...
Dejan los tambores de tocar
Y un gong anuncia la retirada
Se discute la capitulación
Mientras de fondo suenan carcajadas.
Obtuve por mi miedo a no padecer
Cinco años de indolencia
Es la semana grande de la crueldad
Y en nuestro honor celebran una fiesta
Yo me limitaba a contemplar
La misma grieta de la pared
Alguien dijo "habrá que demoler"
No sé cómo no lo vi llegar
Era el día de la gran broma final
Ha cundido el pánico en Madrid
Salen fotos en la prensa rosa
En la alfombra roja habla el escritor,
Él sabe cómo se hacen bien las cosas.
Puede que el tiempo me dé la razón
Pero no queda tiempo, hoy es el día
En que dos planetas se estrellarán
Mientras tú concedes entrevistas.
Y ahora ya me empiezo a preguntar
Cuál de estos chistes es el mejor:
El del día en que te hablé de amor
Sabiendo que daban temporal
O el día de la gran broma final.
Como un mar me presenté ante ti
En parte agua y en parte sal.
Lo que no se puede desunir
Es lo que nos habrá de separar
En el día de la gran broma final.
Hay quien decía que era
Grande y fuerte y nuestro amor.
Sí, como las torres gemelas,
¿Recuerdas? Allá en nueva york.
Y cuando sabes que algo puede ir mal
Estallará delante de ti
Cuando no es posible ser feliz
Y te asustas como un animal
Es el día de la gran broma final.
Cuando griten en voz alta
Que tu amor entero fue una estafa
Y tú protestes pero no haya un alma allí para escuchar
Es el día de la gran broma final.
Ya nada será igual
Tras el día de la gran broma final.
jueves, 3 de febrero de 2011
El Monstruo de los Ojos Verdes - Cerillas
CERILLAS
la noche llegaba tarde y sin sueño,
la luna esta a punto de romperse.
Decidimos quemar todos los miedos,
beber todos los vasos,
bailar con el fracaso
antes de que nos llevara la corriente.
Las paredes se nos cayeron,
nos quedamos en cueros
en mitad de la nada.
No podíamos ser más sinceros:
nos salieron del pecho
cientos de bestias mal atadas.
Se nos quedó pequeña la madrugada,
se rompieron todas las historias sin contar,
sangrando silencio de las palabras.
Se deshicieron como azúcar en el paladar.
Creo que voy a empezar otra vez,
olvidando los recuerdos falsos
y los que me inventé.
Creo que voy a incendiar la ciudad:
pásame las cerillas...
¡se van a enterar!
Superamos la ciencia ficción
en el último renglón
que nos guardaba la realidad
metimos más escenas de acción,
sexo y rocanrol
dejando abierto el final.
Y la noche se largó
con el ladrido de los perros,
el Monstruo de los Ojos Verdes
se comió los sentimientos.
No nos dejó nada que romper,
ten cuidado con los escombros,
te puedes caer.
Se nos quedó pequeña la madrugada...
Creo que voy a empezar otra vez,
olvidando los recuerdos falsos
y los que me inventé.
Creo que voy a incendiar la ciudad:
pásame gasolina...
¡se van a enterar!
Creo que voy a acabar de una vez,
olvidando los recuerdos falsos
y los que me inventé.
Creo que voy a incendiar la ciudad:
pásame una botella,
¡me voy a emborrachar!
martes, 1 de febrero de 2011
Miénteme
bébeme,
mánchate la barbilla
com mis azules
y déjame llenarte el cuerpo
______________de sed.
Sángrame cuando quieras,
pero déjame una lágrima,
una sola lágrima,
aunque sea teatro,
una sola lágrima,
miénteme,
una sola lágrima
para volver a deslizarme por tu piel.
