viernes, 14 de agosto de 2009

Una poesia di Franco Bonucci




TIM

Sono giorni
che ti sto cercando
,
ma tu -tu -tu -tu -tu
tu non rispondi mai...
tu, proprio tu
solo tu,
nella mia vita,
tu, solo tu
sempre tu
falla finita,
tu -tu -tu -tu
tu -tu -tu
tu che non rispondi
mai,
e hallo, hallo, hallo
allora sai cosa facciamo?
Se il telefono non suona,
somo io che non ti chiamo...


jueves, 13 de agosto de 2009

Un poema de Francisco Carrasco

Inutilidad de la poesía

Mañana haré una hoguera con mis versos,
sin tregua, por si alguno
quiere poner a prueba su inocencia.
Voy a ser el verdugo
más cruel con aquello que amé tanto.
Los versos que conmigo
contemplaron la vanidad del mundo.
Y los que fueron fieles
al árbol, y al tañer de las campanas.
Los que se complacían con las tardes
que ardían en la piedra.
Alguno entró conmigo al gabinete
de mis sueños profusos,
donde ella me ofrecía
su adecuada postura.
Otros fueron mis cómplices, convictos
de vidas diseñadas.
Y al mirarme al espejo
y ver que el tiempo me ha ultrajado tanto,
me declaro culpable,
reo de lesa conciencia,
de haber prestado vida
a tanta desventura.

miércoles, 12 de agosto de 2009

martes, 11 de agosto de 2009

Un poema de José Naveiras


He leído este poema en el blog de Gsus Bonilla y no he podido esperar ni cinco minutos a colgarlo también aquí. Es Genial.


ME

Me duelen las escarpias
de atajar memorias
y se me ponen como pelos
al aterrizar en el ático de mi estómago.

Me lloran los platos
al esperar imposibles
y los tengo como ojos
de tanto recordar silencios.

Me ciega el puño
con inesperados anuncios
y lo tengo en un corazón
donde por suerte no es invierno.

Me ensordece el estropajo
por tostar titubeos
y está como una lengua
si afilamos piedras.

Vale,
tengo los corchos de pulmón.

por José Naveiras, de su libro POEMAS PARA BERBERECHOS (ED.DIEDYCUL 2007)

lunes, 10 de agosto de 2009

El Señor de los Traguillos

Éste es un corto que rodamos unos amigos hace unos años. A ver qué os parece


miércoles, 5 de agosto de 2009

lunes, 3 de agosto de 2009

Manchas de fluor (Meacuerdo IV)




Me acuerdo de que la gente
me envejecía
dos o tres años
que al mismo tiempo
me restaban
y
me sumaban
a través de la altura.

Me acuerdo de atardeceres
que todavía no conocían
la palabra melacolía.
Me acuerdo del mar
la primera vez,
como en una foto descolorida,
aplastado por la luz.

No consigo acordarme
de todas mis cicatrices,
de todas las lágrimas
y caídas
acumuladas en las piernas
y en los codos.
Me acuerdo de las piedras
pequeñas, medianas y grandes
convirtiendo juegos en guerras,
gritos en odio.

Me acuerdo del olor a incienso
y sabor a mosto
de los domingos por la mañana.

Me acuerdo de las manchas
de fluor
sobre el babi.
A veces me acuerdo
del cura don Jesús
de visita en casa
una vez al mes.

Me acuerdo de los pantalones de pana
que nunca más
me volví a poner.

Me acuerdo de mi primera bicicleta,
de la primera tarde
sin las ruedecitas,
me acuerdo de esa primera manera
de volar.